La Biblia tiene sesenta y seis libros para los protestantes, setenta y tres para el canon católico  ref_19. El índice es obra humana reconocida. El texto, aseguran que es idea de Dios escrita por amanuenses judíos. Pero esta relación entre escrito y escritor debe vivirla cada cual íntimamente; por eso, cada judío practicante y piadoso tiene el deber de copiar el Pentateuco (cinco primeros libros, también llamados “La Torá” o Ley) al menos una vez en la vida, para meditar pacientemente su historia sagrada. A través de los siglos, los ojos humanos escrutaron el argumento de la Biblia, tratando de develar misterios por parte de los creyentes, y trapacerías por parte de los escépticos. Unos y otros no fueron defraudados; como toda escritura poética, la Biblia es una gema preciosa que en cada faceta ofrece un brillo distinto, según esté más cerca de la cima o la guirnalda. El nacimiento de Cristo, personaje central del argumento del Nuevo Testamento, separó en dos el viejo monoteísmo del Antiguo Testamento. La inspiración del Profeta, en el siglo VII completó la trinidad de ideas con el Islam, que significa “obediencia”.

Judaísmo, Cristianismo e Islam dicen originarse en Abraham no obstante la guerra sin treguas que se declararon desde que nacieron y que sólo se explica  por las relaciones consanguíneas: nadie, que yo sepa, combate con igual énfasis al sintoísmo, los parsis, el vudú o al candomblé.

Bocaccio cuenta que un padre antes de morir entregó a cada uno de sus tres hijos un anillo, que venía de sus ancestros, advirtiéndole que aunque las alianzas se parecían como las ovejas en la llanura, sólo una era la auténtica. El padre murió. Los anillos son el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam. Todos creen tener la verdadera sortija. Todos desconfían de sus hermanos. El muerto se llevó la verdad.

Sospechado impostor para la tradición rabínica que custodia la Torá, el Cristo fecundó con su muerte un nuevo pacto entre la criatura humana y su Creador. Nunca enseñó la anatomía de Dios en las vagas biografías cuadruplicadas que nos cuentan sus hechos y dichos; ni siquiera en los escritos gnósticos de su época figuran las Tres Personas que son Una, pero son Tres, pero son Una, para escándalo del álgebra más elemental. Sin embargo, de su colegio egresaron la promesa de vida después de la muerte, el Espíritu Santo, la tenebrosa Gehenna que arde sin fin impugnando los tres principios de la termodinámica, el parto de una Virgen, y la resurrección de huesos y carne. Nunca antes, desde el Génesis al último versículo de Malaquías (que abren y cierran respectivamente el Antiguo Testamento) se habían anunciado tantos prodigios. Once judíos rústicos  ref_20 formaron el primer colegio de cardenales destinado a evangelizar a los gentiles. Algunos de ellos fueron simples pescadores, sin mayor instrucción, ya que la fe requiere inocencia y el saber la malogra casi siempre: doy fe.

De este reclutamiento nació el Cristianismo, bajo el gobierno legendario de Pedro, a quien el Cristo cambió de nombre, convirtiéndolo en piedra para entregarle la potestad sobre los cielos y la tierra antes de pasar por el suplicio y morir.

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