La ansiedad para quien la ha sentido es una sensación de agitación, nerviosismo, incertidumbre, angustia, miedo, también puede manifestarse como un malestar indefinido, no sabes qué te pasa, no tienes claridad para pensar y en el peor de los casos se puede presentar como una crisis muy intensa que puede producir en quien la padece miedos irracionales.

 

Pero aún sin que se llegue a un estado tal de pánico, no hay persona que no haya padecido estados alternos de ansiedad o incluso que viva en un estado habitual con un umbral moderado o alto de ansiedad, sobre todo cuando se vive en un ambiente propicio para que se desencadene con más facilidad.

 

La ansiedad puede somatizarse y genera desagradables síntomas orgánicos que te afectan la presión arterial, taquicardia, aceleración del pulso, náuseas, frío, calor, y contracturas profundas y dolorosas, además es una emoción que te deja sin energías y a veces en un estado de decaimiento, melancolía, apatía con los que te será difícil lidiar y empiezas a ver la vida sin agrado, porque no puedes apreciar nada debido a esa inquietud que frustra el disfrute de lo que te rodea.

La ansiedad suele surgir porque interiormente todos tenemos en mayor o menor grado un almacenaje interno de caos y confusión que cuando salen a la superficie generan sensaciones como zozobra, sensación de peligro, temor infundado, inquietud, todas estas emociones perturban la mente y alteran el cuerpo físico.

 

Aunque hay muchos factores que en forma específica desencadenan la ansiedad, la mayor parte tienen su origen en nuestro desorden e inarmonía psíquicos, en otras palabras, en nosotros mismos. Es así como funcionan dentro de nosotros los conflictos internos, la ofuscación, al igual que el estrés, los disgustos y las preocupaciones, el sentirse frustrado y no poder superarlo, el entorno contaminado por la tensión y los condicionamientos subconscientes, (por ejemplo padres ansiosos que establecen conductas de ansiedad en sus hijos)

 

Los estados de expectativa, de miedo, desconcierto, pueden ocasionar ansiedad, sin embargo aunque parezca a veces que nada puede ayudar con estas crisis, siempre debemos de tener en cuenta buscar estar sanos emocionalmente para obtener un equilibrio psicológico, es así como se llega a una ecuanimidad que te protegerá ante cualquier influencia negativa del exterior.

 

También puedes sacar provecho de la ansiedad, porque si aprendes a canalizarla de manera sabia y constructiva al igual que a muchas otras emociones negativas, puede ayudarte a crear una energía poderosa para que no permitas que te desborde y conozcas cómo enfrentarla.

 

Un antídoto infalible son la paz interior y la quietud, pero esta armonía con uno mismo hay que ganarla, si te das cuenta en este época el ser humano es mucho más ansioso que antes.Todos los temores, miedos, impotencia ante situaciones que se nos presentan y que creeos en el momento no podemos resolver carencias emocionales y desórdenes internos y externos generan ansiedad.

 

Entonces, ¿Cuál sería uno de los remedios para caminar de la mano con la ansiedad?

 

Conocer nuestras emociones – A medida que vas identificándote con tu ser, definitivamente te vas integrando y puedes bajar el umbral de la ansiedad, aprender a valorar lo que tienes y no te das tiempo para alimentar: La Paz interior, sin la cual no puedes gozar de nada.

 

Para bajar los niveles de ansiedad puedes empezar con estas acciones como si fuera un ritual:

 

  • Fomenta emociones positivas, entrena y practica el auto-conocimiento, auto-crecimiento, evoluciona tu consciencia.

 

  • Ve la vida como un maestro que te está llevando de la mano sin que te resistas

 

  • Practica la aceptación y auto-aceptación consciente, enfrenta los miedos y temores, conviértete en un sabio en su manejo.

 

  • Aprende a contener los pensamientos inútiles, no permitas que tu mente se disperse, concéntrate en el Aquí y el Ahora.

 

  • Mejora tu relación con los demás, no pretendas manipular

 

  • Establece una actitud de desapego, no dependas de las cosas y las personas, cultiva una actitud cordial y amorosa, con un amor más generoso y desinteresado.

 

Cuando estamos sanos emocionalmente, por ende estamos en sincronía con nuestra salud mental y depende del enfoque y actitudes de tu mente para que generes estados de ansiedad o de quietud, porque cuando la mente se distorsiona e interpreta incorrectamente se presenta la confusión, el autoengaño, y proyectas una realidad falsa que nada tiene que ver con la realidad. En una palabra ves lo que quieres ver, o escuchas lo que quieres oír.

 

Conclusión: Cuando confrontamos nuestros temores, los que tanta ansiedad, angustia o miedo nos producían, nos damos cuenta de que no había nada que temer, salvo nuestra descontrolada imaginación. A veces no nos sentimos con la confianza para confrontarlos, pero podemos aprender a vivir con ellos hasta que los superemos o debilitemos.

El gran filósofo Danés Kierkegaard, explica la ansiedad como “El efecto mareador de la libertad y la inmensidad de la existencia humana: una posibilidad que o te paraliza o te invita a actuar.”Tú … ¿Por cuál te decides?

 

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