Arquitectura y política siempre han sido tema de debate permanente con mayor resonancia internacional tras la crisis financiera de 2008, sin embargo en el escenario colombiano poco se ha discutido sobre cuáles son las herramientas que tiene la arquitectura local para sumarse en dicha discusión y como puede ser un instrumento con influencia en un contexto político tan difuso como el actual.
Impensable no traer el DB Bacatá como caso de estudio en un tema fundamental como la dimensión política de la arquitectura, proyectos como el de este complejo arquitectónico, que para muchos se trata de un excelente diseño, terminan lamentablemente con fines políticos infames (como dispositivo y registro de la creciente desigualdad social inmobiliaria en Bogotá) este ejemplo, al igual que otros, como las Torres del Parque o Sierras del Este demuestran la separación de la calidad formal o la performancia arquitectónica/urbanística y las ideologías a las que un proyecto termina sirviendo. Sin embargo, no siempre la participación política de las construcciones es ajena a su diseño. La colaboración de muchos otros proyectos en la fabricación de desigualdad está en gran parte suministrada por su diseño.

Un paradigma de esto suele ser la manera misma en como un edificio se relaciona con su espacio, comenzando con las imágenes renderizadas del proyecto, como en los ya conocidos casos de construcción en los cerros orientales, las constructoras retratan junto con el diseño vertical, cielos azules, montañas verdes y vistas lejanas, ofreciendo un acceso privilegiado al cielo y el aislamiento del contexto bogotano. Esto, más las características de centralidad, comunicabilidad y promesas de futuras mejoras en las obras publicas para la evitar la desvalorización de la inversión terminan siendo los argumentos para vender los apartamentos en este nuevo modelo de estructura social.
Pero el cielo no es azul en toda Bogotá, al otro lado de la ciudad, la toxicidad y problemas ambientales provocados por el inestable relleno sanitario “Doña Juana” han hecho disminuir el valor de las propiedades inmobiliarias cercanas. Décadas atrás, el bajo costo de los terrenos y ventajas tributarias incentivaron allí el establecimiento de personas de bajo recursos, conformando el mismo plan territorial del que las Torres del Parque de Salmona o el nuevo BD Bacatá hacen parte. El proyecto de agrupar propiedades costosas en un área medioambientalmente “purificada” y las personas de bajos recursos en la zona diametralmente opuesta que asumen el costo medioambiental de los consumos de la totalidad de la ciudad es un proyecto de diseño que ha sido posible por medio de planes urbanísticos formales y ajustes arquitectónicos que operan de manera coordinada en diferentes escalas. Al observar de manera aislada cada uno de estos sucesos de diseño y planificación no es sencillo ver como participan de actos estrictamente políticos, pero una vez se entiende como unos convergen con los otros, ya no es posible entender las decisiones de diseño como actos estéticos independientes de sus efectos políticos.

 

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