Casi como en un sueño
de una carroza dorada
finamente vestido de azul
y un brillo de luces blancas.

Del cielo girnaldas de colores
del pasado unas fotos anheladas
con el presente de flores silvestres
Y un futuro con encendida esperanza.

Y así el paso del tiempo
invadió nuestras mejillas intactas y su brisa tenue y suave
dejó nuestras manos enlazadas.

Al final de los años
he aprendido que Dios siempre nos guía y guarda.

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