Cinco años, primer grado, Colegio Nicolás Avellaneda, mi problemático primer día, digo problemático no por dificultad en adaptarme, sino por el hecho de separarme por varias horas de mí madre, aún a pesar de haber hecho jardín e ir en un micro escolar sola sin sobresaltos.

Siempre me embarco en un viaje al pasado, trato de volver al mismo con los ojos de niña, no de adulta y en uno de esos regresos me acuerdo de ese primer día.

Creo que pasan lista y la maestra, pregunta quienes eran extranjeros y que se levantaran de sus asientos diciendo la nacionalidad.

No me acuerdo quienes y cuántos niños se levantaron, pero me levanté y a la pregunta acerca de mí nacionalidad, le dije ……soy Rusa.

Cuando a la salida me pasa a buscar mí madre, como le contaba todo acerca de mi día en el colegio, le dije lo que había pasado.

Segundos después, mi madre sonriendo me explicó, que no era Rusa, que sí lo era mi abuela, que era Argentina, y que si le preguntábamos a mi abuela, ni por asomo volvería a su país de orígen.

Lo había pasado muy mal con los zares.

Su familia había sido escondida por otros rusos ortodoxos, valientes, humanos buenos que los salvaron de una muerte segura.

Vuelvo siempre a recordar esa anécdota , ahora con una sonrisa, es que la niña que aún llevo adentro, siente que a pesar de todo, no estaba tan errada, aquí se acostumbra decir, carñosamente a los judíos , rusos, y mi marido suele decirme rusita, al fin y al cabo , soy Argentina, pero todavía llevo la mirada de una niña de cinco años que alguna vez creyó que su nacionalidad era rusa.

 

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