Todo comienza con un final, difícil e incierto. Las palabras determinan que es lo que será de nosotros, que será de este presente que en el pasado nos llevo a pensar en este futuro incierto.

 

Estamos dejando impresas marcas que serán difíciles casi agonizantes, se podría decir, de borrar. Hay mucho que contar, aunque pocas palabras pueden representar todo aquello que nos une y nos separa. Hay demasiadas personas ajenas a eso que nos lleva a movilizarnos, a sentir como lo que somos, seres de una sociedad dependiente de aprobaciones, de felicitaciones, de agrados y cumplidos falsos para no desentonar de esto, lo que nos marca, aquello que se nos escapa de entre los dedos, eso que nos hiere a quemarropa y deja pequeñas grandes fisuras en nuestra conciencia. Ciertas acciones. Apreciamos más lo que brilla a lo que realmente brilla sin necesidad de apariencias. Respetamos a personajes ficticios que carecen de conciencia o decencia humana. Pretendemos parecernos a prototipos de personajes antes de vernos y aceptarnos como realmente somos. Veneramos Dioses falsos de belleza y buenas conductas cuando realmente nos pudren la mente con comentarios vacíos y banales. Nos conformamos con un poco de educación a ser participes de una sociedad llena y rica en cultura. Vivimos apresurados, cansados, angustiados, con miedo, con incertidumbres, sin embargo, seguimos hacia adelante realizando un paso agigantado hacia atrás, olvidando, borrando, tapando, negando, no tenemos coraje porque tememos que si expresamos nuestro voto y pensamientos sean desechados, no oídos, no valorados. Y es lo que sucede a menudo, no se nos tiene presentes, se nos considera solo un mero decorado de este suelo que nos vio nacer y crecer.

Ya no es mas sudor lo que fortalece estas tierras cansadas de tanto manoseo, son nuestras lagrimas las que solo riegan los suelos removidos para enterrar a los que se nos fueron, ya sea por locos sueltos que deberían estar encerrados o bien por la imprudencia de una juventud que cree que ser listo y popular es hacer brebajes contaminantes, bailes exóticos, y cuantas ridiculeces se les pueden acumular en esas mentes incultas, sin ningún motor para salir de ese pozo lujurioso de inmoralidad.

 

Todo vale igual. La violencia a las palabras, la muerte al valor a la vida de tu prójimo, la incultura a aprender, la inconsciencia a la razón y, la mentira a la verdad.

 

Hay quienes dijeron “vamos a mejorar el futuro,” claudicando en el presente y revolviendo viejas costumbres de antaño. Nos roban día a día la identidad y ya no sabemos que o quienes somos, si los habitantes de una sociedad bien constituida o bien las marionetas de un circo que divierte a los espectadores del mundo, quisiera entender… más las palabras sobran ante una respuesta concreta, me falta vocabulario para expresar que es lo que nos está contaminando la vida, los sueños, las ganas y las mismas esperanzas,

 

Ya no hay paz.

Ya no hay una causa… sólo angustias…

No quisiera terminar así este relato, más otra alternativa no hay…

 

Y es así, simple y llano…

Mejor reír a llorar….