Los que trabajamos en la educación hemos notado un incremento en los últimos años en la asistencia de adultos mayores a los centros escolares. Este cambio se ha dado principalmente por las exigencias actuales que obligan a los padres de familia a trabajar horas extras o tomar empleos con horarios complicados a costa de tiempo familiar, y como consecuencia, miles de abuelitos educan a sus nietos por las tardes. Estos cambios en la crianza han generado movimientos importantes en la dinámica de muchas familias mexicanas, pero ¿qué pasa cuando los abuelos educan a los niños de hoy?

Hay una gran controversia respecto a la educación de antaño y su inmersión en la actual. La realidad es que no es posible educar de la misma manera cuando la vida y sus exigencias han cambiado, entonces, la crianza también debe evolucionar. Sin embargo, yo soy un alma antigua y creo firmemente en las ventajas de la educación con la que fui formada: disciplina, respeto a la familia y maestros, decir gracias y por favor sin discriminación entre otras tantas cosas que nunca me sobraron y que actualmente me definen. Tener a los abuelos como aliados en la crianza puede ayudar a tener un buen equilibrio entre lo de antes y lo de ahora; una ventaja que hoy por hoy no podemos desperdiciar.

La convivencia con los abuelitos es uno de los más grandes placeres que los niños pueden tener. Se vuelven aliados pacientes y amigos con los cuales es posible compartir historias, juegos y canciones de antaño, así como ser cómplices y sostén cuando hay crisis familiares. Y es que no sólo es beneficioso para los niños, sino para ellos mismos, quienes por medio de sus nietos se ejercitan física y cognitivamente, logran recordar y volver a disfrutar destellos de una época de añoranza y simplicidad.

Sin embargo, también existe la contraparte donde los niños necesitan más firmeza y límites. En mi trabajo he escuchado continuamente: los abuelos estamos para malcriar, no para educar… y aunque consentir es también una forma de crianza, es importante buscar un canal de diálogo propositivo donde los padres y abuelitos puedan ser también aliados para la educación de los niños, estableciendo un paralelismo en los métodos de crianza con los cuales los hijos no tomen partido. La constancia de la disciplina depende en gran medida de que todas las personas involucradas sigan la misma línea de educación, de lo contrario tendremos dificultades en la eficiencia del método que hayamos decidido desempeñar.

Todos los días soy testigo de la complicidad entre generaciones, la unión de quienes se quieren sin importar la diferencia de edad ni las contrariedades del día. Disfrutemos de su presencia, acompañémoslos en la exploración de nuevas emociones y aprendamos en el trayecto que, la sabiduría no es sólo por medio de conocimientos teóricos, sino de las grandes experiencias de amor que la vida nos tiene preparados.

¡Gracias a la vida por los abuelitos!