Estimado Mariano: te escribo por todo este follón de Cataluña que habéis montado entre Puigdemont y tú. No sé bien por qué se os debe dirigir como Molt Honorable y Excelentísimo Señor, respectivamente, cuando no habéis actuado ni con honorabilidad ni con señorío. Sí, son cosas del rancio y absurdo protocolo servil. ¡Qué le vamos a hacer!

Carta al Excmo. Señor Mariano Rajoy

Carta al Excmo. Señor Mariano Rajoy

Pues Excelentísimo Señor. Mariano, Marianín, como te dicen tus paisanos. Te tuteo de acuerdo con el protocolo popular con el que me siento más cómodo e identificado. A veces pienso que la sigla PP responde mejor a Partido Podrido o Partido Putrefacto por toda la corrupción que, cual enredadera, envuelve a tu formación política. Y no son unos pocos arribistas mindundis que se han forrado a costa del PP, como has querido hacernos creer. No. Son gente de alcurnia, al menos tres presidentes autonómicos para empezar (Baleares, Madrid y Murcia), diputados, concejales, alcaldes, tus propios tesoreros y un largo etcétera que la Justicia ha cuantificado: unos 800 imputados por corrupción en tu partido.

¿Te da eso qué pensar? ¿Te quita el sueño? Me da que no. Tú a lo tuyo. ¿Sabes? El PP me recuerda, en parte, al Partido Justicialista argentino. Para los amigos, el Partido Peronista. Es un cajón de sastre, en realidad desastre, bien juntito, porque en él caben desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda. No es el caso del PP, por supuesto. Por eso digo que os parecéis solo en parte. El PP abarca desde el centro hasta la extrema derecha. Sois la “derechona”, como la definió hace años el socialista Alfonso Guerra. Sí, esa joya que dijo también en el PSOE que el que se mueve no sale en la foto. En otras palabras: los disidentes, al retrete, Arfonzo. En el PP, digo, los hay muy conservadores, inmovilistas, falangistas, intransigentes, intolerantes, la ultra derecha más ultra y el Opus Dei que hasta te colocó un ministro que condecora vírgenes. ¡Santa Madre!

Comprenderás, pues, que con todos estos ingredientes nunca he votado al Partido Popular, ni jamás lo haré. Es una cuestión de principios. Tu PP está en mis antípodas de lo que debe ser un partido abierto, dialogante, apegado a la realidad y que mira por los ciudadanos de a pie.

Te preguntarás qué tiene todo esto que ver con la actual situación en Cataluña. Pues todo. Con un partido así como el tuyo era de cajón “desastre” que el independentismo creciera y creciera sin parar. Tu inmovilismo y el de tu partido, tu aversión al diálogo y a afrontar los problemas cara a cara y tu política de dejar que las cosas se pudran con la esperanza de que desaparezcan por sí solos no han hecho más que favorecer el crecimiento de ésta y otras gigantescas bolas de nieve.

De verdad que no entiendo a tu partido. Te voy a poner unos pocos ejemplos para que comprendas el creciente desapego de los propios votantes del PP y del porqué la inmensa mayoría de los catalanes os aborrece.

El primero, la corrupción. Da la impresión de que  sigues protegiendo a los corruptos por mucho que digas que tu gobierno ha endurecido las leyes para combatirlos. Yo tengo mi propia teoría.  Está tan enraizada la corrupción institucional en el PP que si te sales de tiesto, los propios corruptos de tu partido te cortarían la cabeza. O sea, que tienes las manos atadas. Les habrás dicho: mirad voy a hacer como que apruebo unas leyes duras contra los corruptos, pero, nada, no os preocupéis que es papel mojado. Vosotros tranquilos. Seguid trasquilando las arcas públicas.

¿Te acuerdas del Yak-42, ese avión soviético que se estrelló en Turquía y en el que murieron 62 militares españoles el 26 de mayo de 2003? Militares que honraban la bandera de España, dispuestos a morir por ella, y que de hecho murieron cuando regresaban de una misión en Afganistán. Manchaste su memoria escurriendo el bulto y abandonaste a sus familiares. El Gobierno del PP tardó ¡13 años! en reconocer su responsabilidad en el accidente. Un poco tarde, ¿no? Y no solo eso, al entonces ministro irresponsable de Defensa, Federico Trillo, el de “manda güevos” y ¡Viva Honduras! en un brindis en El Salvador, lo nombraste embajador en Londres como “castigo” a su incompetencia.

¿Y qué decirte de tu infame ministro de Educación José Ignacio Wert, el que cabreó por igual al profesorado y alumnado de toda España? Otro castigado. Al ministro menos valorado de toda la historia de tus gobiernos, vas y le nombras embajador en París ante la OCDE con un sueldo mensual de 10.000 euros más gastos de representación. La lista es larga allí donde gobierna el PP. Constantes patadas hacia arriba de “servidores” públicos incompetentes, recolocados con buenos sueltos, como el mea pilas de Interior, Jorge Fernández Díaz, el “El Rey de las Cloacas del Estado” que tanto ensució la política desde su puesto, en particular, con la franquista Ley Mordaza.

Carta al Excmo. Señor Mariano Rajoy

Carta al Excmo. Señor Mariano Rajoy

¿Y te preguntas qué tiene que ver todo esto con Cataluña? ¡Hombre, Mariano!  ¿¡Pero no ves que estamos hartos!? Dices que estás abierto al diálogo con Cataluña. ¡Pero si no has abierto la boca desde la campaña que abanderaste para cargarte el Estatut! Creo que la ONCE debería hacerte socio de honor y darte el carné número uno porque eres el mayor y peor ciego de España porque no quieres ver la realidad.

¡Ay Mariano! En contra de lo que puedas pensar, te tengo cierto aprecio. Tienes tus principios, eres ocurrente en el debate parlamentario y estoy convencido de que eres una persona honrada. Lo dejo por escrito, pero no me defraudes, ¿eh? Pero, Marianín, rapaciño, anda ábrete un poquito de mente que no es malo. Y, sobre todo, abre las ventanas de tu partido que huele a rancio, muy, pero que muy rancio.

Te cuento, por último, que ya sé que andas muy (pre)ocupado y falto de tiempo, una cosa que hice hace ya 40 años en los albores de la transición democrática, con tu admirado paisano Francisco Franco aún en el ataúd. Yo era un pardillo que ejercía de paparazzi como colaborador en mi amada Agencia Efe, la que acabaría siendo mi casa profesional, a la que tanto he dado y más he recibido de ella.

Me encargaron un amplio reportaje de toda la costa española para el suplemento pre veraniego de una revista del corazón. Me pegué un mes escribiendo y haciendo fotos, conduciendo mi recién estrenado “Seti”, que es como bauticé mi Seat 127 “azul merino”, y buscándome alojamiento y contactos.

Fue todo un maravilloso –y agotador- reto profesional. Empecé en Ayamonte (Huelva) y terminé en Vigo, pasando por Figueres, Donosti, etc y etc. ¿Y sabes que descubrí? Una España variopinta, rica, diversa, increíble, formidable. Sí, claro, dirás. Ya lo sé. No, está claro por tus actos que no lo sabes. Yo sé lo que debe doler un parto, pero nunca lo llegaré a comprender a ciencia cierta porque soy hombre. Descubrí no ya que andaluces, catalanes, vascos, asturianos y gallegos son muy diferentes y que juntos hacen grande la riqueza cultural y costumbrista de este país, es que descubrí los matices. Los onubenses poco o nada tienen que ver con los gaditanos, los malagueños o los almerienses y ya no te cuento los murcianos con los alicantinos y estos con los valencianos. O los tarraconenses con los barceloneses.

Te recomiendo que hagas ese viaje físicamente. Descubrirás sensibilidades. Descubrirás que España es muy diversa y no una, grande, que sí, y libre, que también. Descubrirás que hay que entender esas particularidades y que hay que reconocerlas, mimarlas y valorarlas. Que esta es un rica nación de naciones y que debemos reconocerlo. A lo mejor acabas entendiendo a los catalanes, pero, por favor, no tardes 13 años en darte cuenta porque para entonces, sí que será demasiado tarde.

Un saludo afectuoso, mi rapaz.

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