El 28 de agosto de 2016 fallece inesperadamente el divo de Juárez, Juan Gabriel (Alberto Aguilera Valadez), que además de ser un compositor maravilloso, 1800 canciones se le adjudican, era un hombre sencillo pero que sabía lo que valía, siempre vio en él inclusive más que los demás.

Lo increíblemente admirable de Juan Gabriel no son solo sus canciones que, al menos para mí generación, son motivo de un sin número de borracheras, fiestas, serenatas y el mejor antidepresivo, lo mejor de Juan Gabriel es que triunfó en un país de machos.

Carlos Monsivais es su libro «escenas de pudor y liviandad» escribió: “A Juan Gabriel nada le ha sido fácil, salvo el éxito”. Pinto a un Juan Gabriel increíble, magnánimo a un personaje que logró ganarse a los machos mexicanos pues no conozco todavía a alguno que no cante alguna canción del divo de Juárez, me sorprende mucho porque en un país donde hay tanta defensa del macho, Juan Gabriel logró con su carisma, su belleza y su talento quitarse el género y lograr que machos muy machos lo admiraran.

Su última gira llamada «México lo es todo» fue su manera de defender a sus mexicanos, de demostrar que si hay algo que el mexicano tiene es reponerse de las adversidades y celebrar con cualquier pretexto bailando y soñando a colores.

Podríamos nombrar muchos temas y éxitos de este gran hombre pero creo que de los más admirables es haber superado el rechazo de su madre, un rechazo que lo impulsó al estrellato un rechazo que pudo haber truncado la vida de cualquier ser débil pero que el convirtió en un trampolín y logró vencer con éxito, su capacidad de perdonar a una familia que lo hirió de muerte y de ser bondadoso con quien en su infancia lo rechazo son temas dignos de análisis terapéutico, una superación admirable que traía aparejada luz y éxito.

En un país donde la hombría se venera a pesar de que el común denominador de las familias son los
matriarcados, un país donde «los machos no lloran» creo que podemos nombrar a Juan Gabriel como el mesías del pueblo, un mesías que nos enseñó a perdonar el rechazo de una familia ignorante, perdonar el abandono de una madre cansada, nos enseñó que la calumnia puede encarcelarte, a que la gratitud es la fuente más  directa al éxito, nos enseñó que vivir la vida tal y como eres es la verdadera libertad, nos enseñó que a pesar de todos y de todo es la voluntad la que determina tu destino, nos enseñó a cantar, a llorarle a la madre con la mejor canción, nos enseñó que «no rajarse» no es un dicho exclusivo de machos, nos enseñó que ayudar es más gratificante y que la vocación de servicio no está peleada con el dinero,  nos enseñó a admirar la belleza, venga de donde venga.

Pese a la insistencia de poner un adjetivo a Juan Gabriel yo diría que era un ser espectacularmente equilibrado, con el valor, dedicación, caballerosidad y generosidad masculina pero con un alma tierna, misericordiosa, bondadosa y sumamente inquieta, un alma femenina que hacían un equilibrio perfecto en su persona.

«Hasta que te conocí» admiraba «mi guitarra», te pedía: «abrázame muy fuerte», aunque solo eras «amor de un rato», «la diferencia» es que yo siempre te escuchaba, te daba los «buenos días amor», buscando y pidiéndote «que me dejes vivir,» este «amor eterno» imposible de olvidar pero «inocente pobre amigo» a «la frontera» del amor y odio, así que mejor «no discutamos», quiero seguir siendo «querida» «pero que necesidad» de pedirlo, ya que «se me olvido otra vez» que «tú estás siempre en mi mente» y aunque «te quise olvidar». Aún «te sigo amando…»

JUANGA-FINAL

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