En la antigua Grecia no se tomaban decisiones previas al discurso, por ello los que sabían hablar podían pedir mucho, los oradores fueron grandes influyentes, Demóstenes, Pericles, daban con sus discursos cátedras del poder de la palabra. La oratoria es hablar con determinación, moverse, transmitir con todo el cuerpo las ideas, invadir la psique ajena, convencerte a través de mis sentimientos, mis ideas, contagiarte de mí creencia, pero ¿qué pasa cuando ese poder es usado de manera inadecuada, pretensiosa, dolosa y con fines de sembrar odio?

 

Se dice que una imagen vale más que mil palabras, pero lo que sale de nuestra boca tiene un valor tremendo que puede llegar a hacer un gran daño, puede llegar a sembrar odio entre los individuos de un país, escribo esto tratando de entender lo que pasa en mi país desde hace mas de 10 años, como el odio entre “clases” se ha ido incrementando, el resentimiento social, el expresarte de unos a otros con desprecio, incapaces de sentir empatía por el simple hecho de ser mexicanos, esto desgraciadamente va in crescendo, generando un ambiente terrible de odio, alguien se ha dedicado a sembrar odio entre los mexicanos y ha tenido un resultado maravilloso, su palabra ha resultado ser un veneno muy poderoso, no hay que olvidar que quien tiene una posición de poder es auténtico, desinhibido, motivado, acaba creyendo que tienen derecho sobre la voluntad ajena, y él así lo ha concebido.

 

Lord Acton, historiador británico dijo que “El poder absoluto corrompe absolutamente”, hemos visto que es evidente que cuando una persona adquiere cierto poder se comporta de manera diferente, su cerebro funciona de manera diferente, el poder reduce las restricciones mentales y provoca que las personas actúen de forma mas decidida. Considero que el uso de la oratoria que un populista puede hacer es un daño a la humanidad, es una crítica durísima, lo sé, pero ahora que veo a Venezuela y a Estados Unidos, vecinos nuestros en manos de populistas creo que es mi obligación emitir un juicio frente a los populistas que no defienden una idea, ni a un pueblo en desigualdad, sino que buscan intereses propios manipulando a la población con su oratoria, con el poder de las palabras haciéndoles creer que es afín a pretensiones sociales, cuando la verdadera identidad del defensor debería ser constituir el poder a través de la participación popular y de la inclusión social, nunca del separatismo y del odio.

 

Es momento de que México se haga algunas preguntas ¿Quién ha sembrado tanto odio entre los mexicanos? ¿Quién ha pronunciado exageradamente el discurso de la desigualdad? ¿Quién te promete darte todo sin trabajar?, esto no es real, es una promesa que terminará mal y terminará en un gobierno que perderá mas de lo que se ha prometido repetidamente, llevando al país a perder su grandeza.

 

Si bien es cierto, el país necesita cirugía inmediata, extirpar el cáncer que nos gobierna hoy día, pero esta cirugía no puede ser practicada por quién pretende señalarse como “el salvador del pueblo”, las personas buenas no se convierten en tiranos cuando tienen poder, ni viceversa, para saber cómo es alguien, dale poder; él ya deja ver entre ranuras lo que haría en el poder.

 

Debemos despertar, dejar de creer en la palabra y alejarnos de tanto odio, se requiere de empatía como mexicanos, se requiere de amor entre compatriotas para tomar una decisión inteligente y que beneficie a todo el país, porque no podemos seguir creyendo que una sola persona nos va a salvar, y mucho menos que va a terminar con un sistema corrupto, lleno de intereses personales, hay que pensar, actuar con inteligencia emocional, entender que esa no es la solución, actuar como Francia buscando nuevas perspectivas y no un modelo caduco de salvador.

 

El poder es sí no corrompe, sino que exalta los principios y tendencias preexistentes. Dicho ello busquemos las características correctas y el modelo a seguir que queremos para dirigir la gran nación que es México.

 

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