Una distopía es una sociedad ficticia indeseable en sí misma, donde la realidad ocurre en términos antitéticos a los de una sociedad ideal, representando una sociedad hipotética indeseable; me pregunto si podríamos aterrizar este concepto a la absurda, dolorosa y patética situación que vivimos en México con el PRI, que es el partido a quien pertenece nuestro nada H. Presidente Enrique Peña Nieto y a la adolorida, golpeada, abusada y sobre todo cansada sociedad Mexicana que, aunque sumisa, grita por auxilio.

Una de las características necesarias para una novela distópica es poseer una naturaleza irreal, para describir estados sociales y/o políticos ilusorios e imaginarios, nada más cercano a esta descripción al ofrecimiento público de una disculpa del máximo representante de nuestra sociedad frente a sus abusos de poder y delitos protegidos por un fuero absurdo, disculpa que además ofreció en su mensaje de promulgación del sistema nacional anticorrupción.

La mayor parte de las distopías describen sociedades que son consecuencias de tendencias sociales actuales y que llevan a situaciones totalmente indeseables, no es una predicción política sino una sátira del presente, como lo es la forma de Gobierno mexicano que faculta al pueblo a elegir a sus representantes pero no nos da una salida jurídico-constitucional para revocar el mandato del titular del poder ejecutivo, que prevé mecanismos como los juicios políticos para aplicarse a la revocación de mandatos pero que no aplica para el presidente de la república, por lo que en México no existe una figura como tal para la revocación del mandato federal. Aquí encuentro la sátira perfecta para mi novela distópica.

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Entonces tenemos a la actriz, la casa blanca, la sátira, a los políticos ilusorios e imaginarios, a una periodista incómoda, a un villano que construye túneles, a una sociedad anestesiada y complaciente, tenemos todos los elementos necesarios para escribir una novela distópica donde nuestro principal protagónico es un ladrón, cínico, corrupto pero que como “la putain respectueuse” (la puta respetuosa) de Jean-Paul Sartre pide disculpas a la sociedad por sus errores; también necesitamos un payaso un personaje divertido y sin personalidad que, en el imaginario, sea tan impresentable que podamos reírnos de él sin sentir culpa, vamos a llamarle… ¡Virgilio!

La narración distópica se centra en un mundo futuro en el que las cosas no siempre salen bien para la humanidad, para este capítulo podríamos poner mucho terror imaginando que pasaría si AMLO llegará al poder, aunque se convertiría en una novela apocalíptica, no, no es buena idea llevar a tal grado nuestra novela.

Esta novela versará en un mundo dominado por el imaginario (redes sociales) donde la gente actúa de manera mecánica, ya no ve nada que no salga de una pantalla, un mundo donde solo siendo imbécil puedes gobernar, donde los dioses se ríen de ver como los creyentes se matan entre sí, donde la espiritualidad se reduce a ser “estúpidamente correcto”, donde en lugar de grilletes se lleva un teléfono, una sociedad con una triste y reducida capacidad de amar pero con un tablero gigante para el juicio, una sociedad donde los asesinos gobiernan, una sociedad que ama a los cínicos, que se alimenta de basura, una sociedad que ama mas a los animales que a sus semejantes, una sociedad que ve placer en un menor, una sociedad tan dañada que desahoga su frustración en un consumismo patológico, una sociedad que ama la esclavitud y viven como hormigas amontonados en edificios con todas las comodidades, pero que los tiene con aire artificial, jugando a tener status, a conformarse, a pensar en serie, a soportar, a aceptar las disculpas de líderes corruptos e ignorantes; no se pierda esta novela distópica que será digna de un best seller.

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