De acuerdo con el Wall Street Journal, el precio de la posible adquisición de Monsanto por la compañía farmaceutico-química alemana Bayer puede ascender a los 42,000 millones de dólares. En caso de que se acabe produciendo la fusión de Monsanto y Bayer, se creará la mayor empresa mundial dedicada a la producción y venta de semillas y químicos para cultivos, con ventas anuales que se situarán en torno a los 67.000 millones de dólares. En marzo de 2016 se actualizó la regulación de los transgénicos dentro de la Unión Europea mediante una revisión de lo establecido por Comisión Europea (CE). Ocasión que la industria quiere aprovechar para redefinir el Organismo Genéticamente Modificado (OGM), con el fin de excluir de la regulación a organismos modificados con nuevas técnicas de ingeniería genética.

Las nuevas técnicas de ingeniería genética que han surgido desde que la ley europea de transgénicos se introdujo en 2001, están siendo aplicadas para alimentar animales de granjas e insectos y cultivos de árboles. Si la campaña del lobby de la industria (actividad legítima, por la cual una persona, organización o empresa intenta influenciar en la toma de decisiones de una autoridad o funcionario) tiene éxito, nuevos organismos y alimentos genéticamente modificados -producidos con técnicas que incluyen la mutagénesis dirigida por oligonucleótidos (ODM), la cisgénesis, la agroinfiltración y la tecnología nucleica con dedos de zinc (ZFN)- podrían entrar en el medioambiente y en la cadena alimenticia sin evidencia científica que compruebe su seguridad. Docenas de patentes ya han sido registradas así por las grandes corporaciones agroquímicas como Bayer, BASF, Dow Agrosciences y Monsanto.
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Dado el generalizado rechazo de los consumidores a estos alimentos, la invisibilidad es vital para el éxito comercial de cualquier producto genéticamente modificado. Debido a que estos neo-transgénicos no requieren de introducir rasgos de otro genoma, sino que pueden ser editados o reescritos directamente; también se conocen como técnicas de edición genética y ese es su principal argumento, según Corporate Europe Observatory, para intentar soslayar la ley. A pesar de la prohibición del cultivo e importación de semillas transgénicas, se ha comprobado la presencia de plantas oleaginosas (Brassica napus L.) modificadas genéticamente y asilvestradas. Las plantas transgénicas que se han encontrado son las resistentes al glifosato, conocidas como Roundup Ready GT73 de Monsanto. Además, se encontraron otras plantas transgénicas resistentes al glufosinato, MS8xRF3, MS8 y RF3 (comercializadas como InVigor, de Bayer) en cinco lugares diferentes del puerto del río Rin.
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La empresa holandesa Schuttelaar & Partners ha puesto en marcha un proyecto que lleva por nombre “Plataforma de Nuevas Técnicas de Reproducción” con la misión de excluir de control el máximo posible de estas nuevas técnicas de modificación genética. Schuttelaar & Partners asesoró a Monsanto para introducir los primeros cultivos Roundup Ready en el mercado europeo en 1996. El gobierno holandés ha jugado un papel activo en La Haya y en Bruselas persiguiendo la desregulación de los neo-transgénicos.

El campo mexicano, cuna del maíz, se ha vuelto blanco de estas empresas que pretenden liberar sus variedades de maíz transgénico ya que representa un gran negocio para la industria. Es importante considerar que esto pone en peligro a las variedades convencionales, nativas y orgánicas y los agricultores locales.

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