Se marchó al alba
aquella mañana de invierno,
cuando la nieve entume
y nubla los pensamientos,
como un bloqueo agnóstico.
La nieve se vistió de blanco
y tú te vestiste de negro.

Entre la niebla opaca
y el desnudo silencio.
Enmudeció la palabra
que ausente de vida
sucumbió al invierno.

Se tiño el bosque
de hojarasca
y las gotas de rocío
fueron la transfusión
como intento de vida.
La exuberante maleza,
las enredaderas verdes,
como escaleras salvajes
que llegan hasta el cielo.

Aquella mañana de invierno
las gotas de lluvia
que al caer sobre los charcos
mandaban el mensaje
como en código morse.

De que algo estaba pasando
aquella mañana de invierno.

 

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