Cuánto espacio desaprovechado

En esta época del año simplemente haciendo el gesto de mirar hacia arriba, podremos ver cantidad de constelaciones con sus estrellas, planetas y otros cuerpos celestes que hacen de las noches primaverales y del estío un espectáculo asombroso.
Siempre he pensado que las respuestas al desconocimiento de nuestro mundo está en el Universo y lo que lo conforman. Las estrellas centellean y tililan todas y cada una de las noches que componen nuestras vidas.

Casi nadie piensa en cuestiones profundas o existenciales, nos limitamos a vivir nuestras vidas cotidianas con problemas insignificantes a los que les damos una dimensiones desproporcionales.

No hay tiempo para perderlo observando una plácida noche de verano el cielo nocturno, preferimos estar haciendo cuentas de cómo vamos a llegar a fin de mes o planificando las vacaciones o pensando qué colegio es más adecuado para nuestros hijos, o en esa operación que le van a efectuar a nuestra mascota.

Recomiendo encarecidamente y de corazón que alguna noche en este verano salgan a la terraza o a la calle o algún parque cercano a casa o si pueden en su parcela de su vivienda y observen con calma el cielo nocturno y con suerte podrán observar estrellas fugaces incluso algún asteroide en tránsito cercano a nuestra galaxia incluso podrían llegar a ver la galaxia Andromeda, galaxia que es la más cercana a la Vía Láctea nuestra galaxia.

Esa inmensidad que es el universo te lleva a pensar y a reflexionar ante lo que te encuentras y hacerte las preguntas frecuentes, ¿estamos solos en el Universo? Ante esta inmensidad que tengo delante de los ojos.

Y si es así:

Cuánto espacio desaprovechado.

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Sin noticias de Dios

Vivir es maravilloso un regalo de la existencia, pero el pensar que no sabemos de dónde procedemos es como un huérfano que no conoce a sus progenitores.
Estamos aquí en este mundo tan maravilloso a la vez de complejo, donde dentro de la maravilla la complejidad es astronómica, apenas sabemos nada de nosotros ni de nuestro entorno en nuestro planeta, y por supuesto menos aún del universo que nos rodea y envuelve, como un papel de regalo de cielo lleno de estrellas envuelve una pelota azul, verde y marrón.

A veces intento desdeñar o restar importancia a la cuestión existencialista, porque aquí no se trata de dilucidar la existencia de Dios, en el fondo eso es lo menos relevante, en otras palabras conocer, ¿de dónde venimos?¿Cómo o quien  nos creo? Y otras cuestiones en torno a ello es lo más irrelevante.

Prefiero preguntarme, ¿qué es un ser humano? Si se supone que todo en el universo tiene un cometido o una razón de existir ¿cuál es el nuestro? ¿Por qué existimos? ¿cuál es el sentido más profundo de nuestra existencia? Quizás la respuesta sea más sencilla de lo que pensamos, motivo por el cual no la encontramos.

La respuesta puede estar en nuestro interior o por otro lado puede estar en las estrellas …

Quién sabe durante toda la existencia de la humanidad, filósofos, sabios y otros tantos se han preguntado una y otra vez sin hayar una respuesta concreta.
Neoplatonistas, maestros y discípulos de Aristóteles, Platón, Plotino, Sófocles, Eurípides hasta Confucio, Einstein, Newton, y otros tantos grandes genios de la humanidad no han podido zanjar de una vez por todas la teoría del existencialismo.

Normalmente no suelo pensar en ello, por varias razones, una porque por más que intento escudriñar sobre la materia no encuentro una solución y por otro lado al forzar la mente me entran unos dolores fuertes de cerebro, porque cuando te duele la cabeza no es la cabeza lo que te duele si no el cerebro.

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Un libro es el medio para enriquecer el alma

El mejor compañero en la soledad, tu mejor compañero de viaje y el mejor amigo para conciliar el sueño reparador después de un día largo y tedioso en nuestra realidad.
A través de los libros podemos viajar en el tiempo tanto al pasado como hacia el futuro.
Un libro abierto es una ventana a la imaginación del lector, unida a la propia imaginación del autor. Lo que convierte al libro en un poderoso transmisor de sensaciones.
Ambas dualidades se juntan o convergen convirtiendo a lo escrito en algo distinto para cada lector según su propia interpretación de lo narrado.
Cada persona interpretamos de manera distinta tanto la realidad como la ficción.
Todos somos seres humanos pero distintos, aunque morfológicamente y físicamente somos similares.
Un libro causa varios efectos al lector al leerlo, un efecto placentero, curioso, interesante y mágico en muchos casos.
Un libro es la vía de escape a la vida cotidiana, y en cada uno de ellos puedes vivir y experimentar sensaciones muy distintas.

Con un libro enriquecemos nuestro léxico y vocabulario y al mismo tiempo adquieres conocimientos vitales para un correcto aprendizaje y una mejor comprensión de nuestro universo.

Un libro es el medio para enriquecer el alma.

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Descubriéndome

Voy a comenzar este artículo con una pregunta simple, bien la pregunta es:
¿Que creen o piensan que es lo mejor que les puede pasar?

Pueden contestar que les toque la lotería, o que consigan ese trabajo ideal para ustedes, o quizás una mejora en esa enfermedad que arrastran.
Bien, cualquiera de ellas son muy apetecibles y necesarias quizás para encontrar ese equilibrio mental y físico ideal para ustedes. Pero he de confesarles que lo más importante para un ser humano es el descubrimiento de quién es realmente, y eso fue lo que me sucedió tras una experiencia que fue una señal inequívoca que me condujo a conocerme y auto descubrirme por primera y última vez.
A partir de esta experiencia, la cual no voy a entrar a detallar por su complejidad, dado que podría conducir a confusión en los lectores, tan solo les comunicaré que fue una experiencia más que mística en todos los sentidos. La cual me llevó a descubrirme a conocer realmente quién era, o mejor dicho quién he sido siempre pero sin saberlo.

A partir de conocer quién soy realmente, tomé las riendas de mi vida tanto personal como profesional, y puedo asegurarles que ningún caballo se desbocó si no todo lo contrario, fueron tirando del carro y también de mí, llevándome hacia un lugar donde nunca había estado, o quizás debiera decir, donde siempre estuve pero no reconocí. Hasta darme cuenta de que el problema era mío. Tenía poca fe en mí y en mis posibilidades para lograr aquello que anhelaba y por otro lado me merecía.

Desde entonces sé que puedo lograr cuanto me proponga porque sé algo que pocas personas saben de antemano.

Y es que sé quien soy.

 

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