Durante su primer discurso ante el Congreso el pasado 27 de febrero, el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció entre los logros de su administración la apertura de la Office for Victims of Crimes Committed by Removable Aliens, (Voices), y señaló entre el auditorio a familiares de  seis víctimas de indocumentados, a los que volvió a referirse como criminales y traficantes de drogas. Después, ante las reacciones en contra de las deportaciones que se vienen realizando, respondió que no había que sentir compasión por los deportados porque eran malas personas.

Políticas de Donald Trump

Políticas de Donald Trump

Para el Mandatario Trump  la estrategia de venderle a sus seguidores la idea de un “enemigo” a quien culpar por los males que aquejan a su país, le funcionó bien en las elecciones. Y ese “enemigo” son los indocumentados y México, que por la vecindad geográfica representa –dice- la puerta de entrada de esos “bad hombres” y de la droga que enferma a más de 25 millones de estadounidenses y, además, el país que “se ha aprovechado” de ellos y les ha robado empleos por “el peor” tratado comercial firmado por Estados Unidos. Ahora, a Trump le resulta conveniente para sus intereses políticos mantener viva la idea de ese “enemigo”, con el claro propósito de   conservar su base de votantes, sobre todo cuando estos seguidores están a un paso de darse cuenta de que no habrá cambios sustanciales en su situación. No se recuperarán empleos que se perdieron por el avance tecnológico en las industrias; ni los trabajos que dejen vacantes los deportados querrán ocuparlos ellos; ni el famoso muro podrá detener la entrada del 40% de los indocumentados,  ya que el otro 60% entró por aire con visas que luego vencieron; ni tendrán una mejor opción de seguro médico, en fin.

Así las cosas, no importa si esta nueva oficina, VOICES,  va en contra de su política de reducir la burocracia, política que ha afectado a numerosas agencias gubernamentales, entre ellas la Secretaría de Estado, la Agencia de Protección Ambiental, varios programas de arte y cultura y de asistencia humanitaria.  Lo que importa es atacar al “enemigo”, mantenerlo bajo fuego, sin descanso.

¿Sabrán Trump y sus seguidores quién es ese “enemigo”?  Por lo que se refiere a los indocumentados, hay que decir que cuantitativamente se estiman en alrededor de 11 millones de personas, que representan el 25% de los 43 millones de inmigrantes en ese país. Del total de indocumentados 46% son mujeres. Casi la mitad de ellos son mexicanos, poco menos de seis millones; alrededor de dos millones son guatemaltecos, salvadoreños y hondureños;  1.5 millones son asiáticos, principalmente chinos; les siguen los sudamericanos, europeos, canadienses, australianos, africanos y caribeños.

Políticas de Donald Trump

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Un retrato de los indocumentados – a grandes pinceladas- basado en estudios del Migration Policy Institute y del Pew Research Center, con datos del 2014, nos los dibuja como personas jóvenes, en edad productiva, que mayoritariamente han vivido en Estados Unidos entre 10 años y 20 años y tienen hijos nacidos en EUA,    – el 79%­, en el caso de los mexicanos-,  de manera que poco más de 5 millones de niños y jóvenes menores de 18 años pueden ser separados de al menos uno de sus padres por las nuevas políticas del Mandatario estadounidense. Se trata de trabajadores que residen en su mayoría en California y Texas, pero también en Nueva York, Florida, New Jersey  e Illinois principalmente, y que están dispersos en 171 condados a lo largo y ancho de la Unión Americana. Ocho millones de ellos, o el 5% de la fuerza laboral de Estados Unidos, se dedican a las labores del campo o a la industria de la agricultura, a la construcción y a los servicios, donde la mayoría de ellos hacen los trabajos que nadie más quiere hacer y con salarios por debajo de los que corresponderían a los estadounidenses por la misma labor. De acuerdo con el Instituto de Política Fiscal y Económica de Estados Unidos, estos “bad” hombres pagan alrededor de 12 billones de dólares al año por impuestos estatales y locales, pese a que  la mayoría de ellos no hace uso de los servicios públicos ni cuenta con servicios de salud. Contra lo que se cree, 44% habla inglés bien o muy bien, 25 % tienen estudios de preparatoria y 25% cursaron estudios de college o cuentan con una carrera universitaria.

El 97% de los indocumentados son personas cuyo delito ha sido entrar sin autorización al vecino país, que han usado documentos falsos para poder trabajar o que han cometido algún delito menor, como carecer de licencia para manejar, o cometer faltas de tránsito. De hecho, diversos estudios indican que los indocumentados son menos proclives a cometer delitos que los estadounidenses y que en muchas de las comunidades en las que residen la tasa de criminalidad incluso ha bajado. (Cato Institute).

 

Trump dice estar muy preocupado por imponer la ley y el orden. ¿Qué sanciones ha impuesto a los empleadores que contratan y explotan  a los indocumentados? ¿Cuáles a los agentes de migración que usan el exceso de fuerza en sus redadas y aprehensiones?.

El Presidente de Estados Unidos ha insistido en que muchos de los indocumentados son traficantes de drogas. Seguramente algunos lo son, pero no es válida la generalización que hace el Mandatario. Ni tampoco es válido culpar al vecino sin aceptar la responsabilidad que tiene ese país en el multimillonario negocio de las drogas, cuando ahí se consume el 30% de la demanda mundial, ahí se gastan más de 150 billones de dólares al año en todo tipo de estupefacientes y psicotrópicos y es desde ahí que se venden las armas a los narcotraficantes. En México han muerto más de 200 mil personas por la violencia que genera este negocio. En México, los cárteles tienen nombre y apellido: el Cártel del Golfo, el Cártel Jalisco Nueva Generación, etc. ¿Hemos oído un solo nombre de algún cártel en Estados Unidos? ¿Cómo entonces se distribuye la droga en ese país?.

Estos son los “criminales” que Trump amenaza con expulsar de su país.  Con el retrato descrito, ¿Quiénes son los “bad” hombres,  si no él y sus seguidores?.

 

 

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