De todos los estilos de música existentes, el que mejor soporta el paso del tiempo y la sucesión de modas y tendencias, es sin duda el jazz, en especial el instrumental, que es la manifestación primigenia de la música moderna.

El jazz es la vida hecha sonido, sin más, sin programación previa, sin partituras, tan sólo con las ideas, sueños, y emociones vueltas a la vida y dirigiendo el conjunto de los instrumentos.

Jazz Sense

Jazz Sense

En un mundo plagado de estilos musicales, muchos de ellos horteras, chabacanos, y chillones hasta el paroxismo del ridículo, el jazz nos devuelve la clase, coge la chispa elemental de la vida y la eleva, sin artificios superfluos y molestos. Es el sonido de los sentires y pensares de la humanidad, sin pretensiones, sin repetitivos estribillos, sin encorsetadas estructuras.

En el jazz, que puede tenerlas, no se necesitan palabras, se expresa en el universal lenguaje de la música, no le es necesario de más para estimular al público, que percibe la profundidad de la pieza en ejecución, y atiende expectante deseando ser llevado por inesperados senderos, pues sólo en el jazz (y quizás también en el blues) la improvisación es un factor identitario importante, que a su vez es uno de sus más poderosos atractivos, lo cual deja a quienes lo escuchan en predisposición a recorrer sorpresivos caminos sonoros y con la mente siempre abierta.

“El jazz soporta el paso del tiempo y la sucesión de modas y tendencias”

Al jazz le debemos la existencia de genios de la instrumentación como Charlie Parker, e irrepetibles voces como la de Nina Simone, dos indiscutibles estrellas del género de gran calidad que dejaron profunda huella y crearon escuela.

Para disfrutar de este género, tesoro musical de primer orden de ayer, hoy, y mañana, no se necesita ser un entendido en la materia, aunque no falten. Tan sólo se precisa de abrir el oído y la mente, deshacerse del prejuicioso pensamiento de que es una música de tiempos pasados, y si se tiene, dejar volar el alma junto con las notas, capaces de reverberar en nuestro interior por siempre. Merece la pena la experiencia, una y mil veces.

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