El  vermut es una bebida alcohólica elaborada con vino, agua, alcohol, plantas botánicas y en ocasiones azúcar caramelizado, siendo una tradición el secreto de la fórmula que utiliza cada fabricante que no indica la proporción de plantas, flores y frutas. Su origen podría remontarse al antiguo Egipto, si es que no es aún más antigua.

 

Ésta singular bebida trata de alcanzar el equilibrio entre lo dulce, lo amargo y lo ácido, para provocar un retrogusto prolongado que permanezca en el paladar y nariz del consumidor. Para conseguirlo se suele utilizar vino blanco, aunque también hay vermut hecho con vino tinto, hierbas como el ruibarbo, el lúpulo, anís estrellado,  y por como no, el ajenjo que da nombre a esta bebida. Además los fabricantes también usan especias como la canela, la vainilla y el cardamomo.

Vermut diurno, vermut nocturno

Vermut diurno, vermut nocturno

 

Más o menos todos hemos tenido contacto con ésta bebida, directa o indirectamente, por la costumbre de nuestros padres y abuelos de tomar el vermut los domingos, bien entrada la mañana, después de salir de misa, el que iba, que algunos hacían tiempo por ahí y luego iban al vermut, que era lo realmente interesante, y eso si no se iban directamente al bar, sin más disimulo.

 

Al ser una bebida relacionada con el aperitivo de fin de semana, parece algo circunstancial, una bebida anecdótica que se suele pasar por alto, pero en los últimos tiempos se está empezando a convertir en un digno contrincante de su pariente el vino, yen algo más que un simple comparsa del cóctel, pudiendo tomarse casi a cualquier hora (en el desayuno no se recomienda), por un no demasiado elevada graduación de alcohol, entre unos 16º y 19º frente a los 12º a 14º del vino aproximadamente.

 

En los últimos años, las grandes bodegas fabricantes, y los pequeños artesanos también, han realizado una concienzuda labor de producción en la que han logrado hacer del vermut  un más que digno competidor del vino, en algo más que un ingrediente de cóctel, y en algo más que sólo se toma ciertos días a algunas horas, haciendo del vermut una bebida protagónica por derecho propio cuya influencia vaya más allá de los mediodías.

 

Sin la solemnidad del vino, más ligero de graduación que otros licores más contundentes y libre de gases, el vermut cada vez se atreve a asomarse con más audacia, porque sabe que ya es algo más que un sobrante del vino, ahora se ha convertido en un producto de primera división que planea conquistar espacios en las barras de los bares que hasta ahora le estaban vedados, osando disputar a la cerveza su omnipresente espacio como bebida de toda hora y lugar. El vermut, antiguo patito feo y ahora cisne, se ha mirado al espejo y ha visto su momento, que empieza a aprovechar para reclamar un lugar propio incluso tras caer la tarde, manteniendo su presencia en la noche, y haciendo cada vez más méritos para reclamar su lugar hasta en esas horas.

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