Un viaje salado.

En Baños se dañó el carro

Llegamos a la madrugada

Quien diría que al día siguiente

La agenda ya estaba preparada.

 

Más apretado entre los tres

El piloto estaba cabizbajo

El copiloto dormía

Para calmar el estrés.

 

Fernando a la izquierda

Dunio arrimado a la derecha

Para llegar a San Juan Bosco

Hemos madrugado.

 

El copiloto, Asambleísta a la vez

Todos trabajamos por el bien de él.

 

Mis piernas se desconectaron

El cuello no se movía

Dunio me empujaba

Se rascaba la nalga todavía.

Papá leía, a la vez cantaba

Pero yo ya no aguantaba

No era yo, si no dormía.

 

El frío viento nos acurrucó

El silencio fue el anfitrión

“Dormir es vivir”

Toma ahora soy filósofo

.

Modo ahorro de energía

Cómodo fue descansar

Caí en el arrecife del sueño todavía.

 

Carlos prende la radio

Instala el flash y suena

“Quiero sentir tu cuerpo”

buenos gustos de ese man.

 

Tarareo el trival que impidió dormir

A la vez que las curvas molestan

Atrás  los libros y el extintor se alborota

 

Para variar el reggaetón se asomó de la nada

“Alexis y Fido, W y Yandel”

Era obvio, algo no iba  a salir bien.

 

El carro hecho una bala

Iba a izquierda  y derecha

Y atrás el susurro del extintor

Que se golpeó por el movimiento.

 

A la vez el espacio se estrecha

El humo sale de parranda

Ya la cosa se puso maltrecha

.

Nos abraza y nos amenaza

Se activó nuestro sexto sentido

Bajamos la ventana

Derrapamos de una sola.

 

Olía a Aspirina no se veía nada, fue una barbaridad

Salimos corriendo con el polvo en la quijada.

Para el colmo el copiloto estaba vestido de gala

Un buen terno negro pero el polvo lo arruinaba.

 

Lo miramos, tocimos, la nariz nos picaba

Pobre Juan Pablo soltamos la carcajada.

Los carros pasaban

Nosotros con el rostro blanco

Parecíamos albinos.

 

“¿Qué pasó?” dijo una señora

Carlos dijo “Se aflojó el extintor”

Pero papá dijo la verdad:

“La próxima ya no pongas reggaeton”

 

Mientras que tú estabas en la alcoba.

Una noche pasé por tu casa, por casualidad, ví las ventanas cerradas pero a través de ella veía tu cuarto rosado, estabas peinando tu largo cabello. Tenía ganas de mencionarte pero la conciencia me dijo: “Apártate” después empezó a latir la bomba de sangre, mi corazón respondió: “ Arriésgate”

“Cállense”-dije con un sonrojo- “¿no se dan cuenta que estamos frente a su ventana?”.Tan solo miraba, fue un ataque de pánico escénico, tiritaba de frío, caminaba de un lado a otro sin saber qué hacer para saciar mis ganas de hablarte. Pero mi conciencia se entrometió: “Por un hola no ganas nada” y el corazón se puso a la defensiva: “ponerse a pensar tampoco es una buena opción”
“silencio, están que me delatan”-respondí. Podía tirar una piedra a la ventana para que salieras pero el costo sería grave (Además mi economía está en crisis) pasé así un buen tiempo, mi dilema era grande fue un martirio de  que sobrepasaba los límites de nuestra amistad.

-“Llámala”-mi corazón dijo

– “Ya vámonos”- Mi conciencia estaba de mal humor

– “Es mejor decirle todo lo que sientes por que el amor es lo más maravilloso en esta vida”

– “Claro y acuérdate lo que nos hizo la otra chica con su “mejor amigo”- A veces conciencia tiene razón.

– “Muchachos, no están ayudando”- Les respondí

– “Mueve mijín* que tengo hambre”-mi estómago (No sé cómo llegó a entrar a la discusión)

Al fin y al cabo era en ese instante llamarte  o tragarme las ganas de confesarte. Pero empuñé ambas manos, miré hacia las estrellas, cogí todo el aire que pude absorber para gastarlo con un simple llamado, un llamado vital para hacerte saber de que estuve ahí para mirarte y desearte buenas noches. Si supieras cuantas ganas tenía de decírtelo en ese momento al gastar mi saliva.

De repente la casa se tiñó en  oscuridad de descanso.

-“¡Caramba, que te dije!”-Conciencia me reprendió

-“Espero que tengas plata para una salchipapa”-El estómago replicó

El corazón no dijo ni una palabra, agaché la cabeza y seguí caminando a casa.

 

*Expresión ecuatoriana de decir: Mijo o amigo.