No estaba en mí intención dedicarme aquí a las hazañas bélicas del Emperador Juliano, pues ellas por si solas no debieran presentarnos ninguna dificultad en su lectura; mucho más arduo para el lector es comprender las tensiones religiosas o políticas del siglo IV y por eso en ello enfoqué mi tarea; pero por ser nuestro héroe parte activa del “odiado bando perdedor”, corresponde aunque mas no sea de manera sucinta y después de la obligada reflexión, internarse en su “actividad guerrera” porque incluso aquí también, toda su historia fue vituperiosamente falseada, y lo fue hasta ser rescatado recién de esas tinieblas en toda su justa dimensión por Voltaire, solo debió esperar mil trescientos años. El veneno fanático del cristianismo triunfante fue tan perverso e insolente que aún hoy continúa colándose su mentira ponzoñosa.

Las hazañas bélicas del Emperador Juliano

Las hazañas bélicas del Emperador Juliano

     Ammiano Marcelino fue (y es) el historiador más respetado de esta época, reconocido unánimemente como la única fuente veraz; conoció a Juliano, además participó de la campaña en Persia y nos dejó una extensa semblanza del noble Augusto, de la que a modo de introducción escogí el siguiente fragmento:

“…Y aunque de un soldado se pretende el ejercicio del cuerpo, y en cambio de un emperador el de la mente, él en persona remató de un golpe a un sanguinario enemigo avanzando con osadía y, en ocasiones, él solo evitó el retroceso de los nuestros, oponiendo su propio pecho. Y al destruir los reinos de los enfurecidos germanos, y en la ardiente arena de Persia, aumentaba la confianza del soldado luchando en primera fila… Su autoridad era tan firme que, si bien se le amaba tiernamente, al mismo tiempo se le temía… Y después que se alejó de occidente, mientras estuvo sobre la tierra, todas las naciones se mantuvieron pacíficas como dirigidas por un caduceo humano…”

Juliano “César” en la Galia enfrenta a los germanos y otras tribus bárbaras cuya insalvable (hasta ese momento) dificultad radicaba en su dispersión, el ejército romano manejado por ineptos generales iba de un lado para el otro apagando pequeños incendios, perdiendo ciudades. Juliano, mediante un ingenioso ardid, logra unirlos en una coalición para luego en absoluta inferioridad numérica obtener el triunfo más importante del siglo para Roma. La batalla de Estrasburgo fue el comienzo de la campaña de reconquista y pacificación de la Galia, nada mal para un joven que dos años antes estaba dedicado al estudio y que fue investido César contra su voluntad, sin órdenes ni mando y enviado a una tierra hostil a morir.

“La autoridad del Emperador Juliano era tan firme que, si bien se le amaba tiernamente, al mismo tiempo se le temía”

Las hazañas bélicas del Emperador Juliano

Las hazañas bélicas del Emperador Juliano

     Juliano “Augusto” se vio obligado a marchar contra Persia. Lo que no hicieron Constantino, llamado “el grande” y luego su hijo Constancio II, este último en ¡veintitrés años de reinado! Juliano a los seis meses de vestir la púrpura puso al ejército rumbo a Persia, ¿cuál era el motivo? el belicoso Sapor II no dejaba de acosar a las ciudades fronterizas, incluso llegó a tomar importantes plazas. El problema era ineludible y prioritario a los intereses del imperio. La campaña sería por un año, por eso no se llevaba material para sitios prolongados y ya se habían hecho los preparativos para el regreso, invernar en Tarsos. La tradición cristiana instaló la idea de que se sintió “la reencarnación de Alejandro”, un Alejandro de una sola campaña, ¡maravilloso! Y todavía hay hoy quien lo repite. Juliano no fue a conquistar, las razones son por demás obvias y ridículo es aquel que piense lo contrario, solo fue a indicarle al persa cual era su lugar en la frontera. Arrasó todas y cada una de las ciudades y fortalezas establecidas a las márgenes del Éufrates, venció en todos los enfrentamientos que el enemigo le presentó, casi siempre en las situaciones más adversas superadas siempre por su genio militar, paseó sus estandartes frente a las murallas de la capital Ctesifonte, ante la mirada impotente del rey Sapor II y rechazó todas las embajadas de paz que éste le enviara. Emprendió el regreso remontando sus fuerzas pegado a las márgenes del Tigris al encuentro del otro ejército que venía bajando al mando de Procopio y su aliado el rey armenio; el persa no lo enfrentaba, sólo empleaba una estrategia de desgaste “para negociar”.

En una escaramuza provocada en la retaguardia del ejército que iba marchando, Juliano es herido de muerte, ningún persa se adjudicó la hazaña ante su rey, es lógico, el dardo que lo infligió no era persa. De aquí en más la historia pertenece a Joviano, el general cristiano que lo sucedió.

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