El siglo XX es el período más violento y convulso de la historia. Es el siglo de la llegada del hombre a la Luna y también de los mayores conflictos y genocidios que se han visto a lo largo de los siglos. En este tiempo Europa conoció sus horas más bajas. A partir de la Primera Guerra Mundial Occidente se desmoronó bajo la sombra de la cultura bélica y el hegemonismo. Era mucho lo que entraba en juego, pues una vasta extensión del planeta estaba bajo su dominio y, por tanto, era una cuestión de poder en Europa y en el mundo. Estas ansias hegemónicas terminaron por degenerar en los momentos más aberrantes de la civilización occidental; la vida de millones de seres humanos carecía de valor y lo único importante era la posición y el poder de los estados.

 

La Primera Guerra Mundial no tuvo término real y posteriormente el auge del nazismo forzó a las principales potencias a entrar de nuevo en guerra. En el fondo fue una continuación del conflicto anterior tras una larga tregua. La Segunda Guerra Mundial señala un momento a partir del cual el desarrollo técnico se vuelve en contra del propio hombre. En el siglo XX hubo notables avances armamentísticos encaminados a producir la máxima devastación, cuyas consecuencias hicieron cobrar a la guerra otra dimensión. La comunidad científica, conducida por políticos y militares, dedicó grandes esfuerzos a una tecnología cuyo objeto no era otro que producir la mayor destrucción como efecto disuasorio.

 

El comienzo de la era nuclear queda simbolizado por las explosiones de Hiroshima y Nagasaki. Cuando la guerra comenzó a complicarse, la consecución del arma nuclear llegó a ser un anhelo por parte de ambos bandos y fueron implicados los mejores físicos del momento para su desarrollo. Albert Einstein aconsejó al presidente Roosevelt que acelerara el proyecto debido al hecho de que los alemanes se encontraban investigando en la misma línea. El destacado físico Robert Oppenheimer, que dirigió el proyecto secreto “Manhattan”, tuvo remordimientos después de ser lanzadas las bombas, pero pensó que era lo que exigía la situación en aquellos momentos. Solamente en un escenario bélico es posible caer en situaciones de este tipo.

También es tiempo de confrontación de ideologías políticas portadoras de verdades absolutas para la organización del mundo y que a punto estuvieron de conducirlo a la catástrofe.

LA LECCIÓN DEL SIGLO XX

LA LECCIÓN DEL SIGLO XX

Los mayores crímenes se han cometido en nombre de las ideologías. En el siglo XX su implantación pareció justificar los más infames desmanes contra la humanidad.

Estos acontecimientos representan el inicio de una nueva época, cuyo desenlace más directo fue la escalada nuclear de la guerra fría soviético-norteamericana a causa del duelo ideológico. En esta nueva era todas las potencias aspiraban a poseer armas nucleares, sobre todo aquellas que se sentían amenazadas por sus vecinos.

En el siglo XX el desarrollo técnico no fue bien planteado y no supuso un completo beneficio para la humanidad. Las armas nucleares simbolizan el progreso de la ciencia utilizado contra el propio ser humano. Este periodo supone la más elevada exaltación de la cultura bélica al servicio de los más condenables prejuicios y la pérdida del valor del ser humano como tal. El hombre fue convertido en un mero instrumento sometido a las ideologías impuestas por los estados.

La gran lección del siglo XX es que todo convencimiento humano es relativo y nunca perdurable.

 

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