La agricultura se ha convertido en una industria de producción masiva de alimentos anteponiendo los rendimientos económicos a la salud de las personas. Se están utilizando verdaderos venenos que están presentes en los alimentos que todos consumimos. Las multinacionales del sector han tratado de convencer al consumidor sobre la inocuidad de sus transgénicos y los productos químicos asociados. El caso más conocido es el de la soja transgénica y el herbicida glifosato aplicado a la misma. La multinacional Monsanto, debido a su poder económico, ha conseguido una prórroga en Europa para seguir comercializando el herbicida. Este potente veneno presente en la soja y otros productos mueve en el mundo una ingente cantidad de dinero. Monsanto no consiente críticas de nadie, por lo cual ha presentado numerosas demandas contra todos los que han osado poner en cuestión sus intereses. De momento, en Europa su estrategia ha dado resultado y Monsanto ha demostrado que actualmente priman en el mundo los intereses económicos sobre la salud de las personas. Es una estrategia perversa avalada por numerosos gobiernos que han olvidado que una abundante producción de alimentos debe ir relacionada con el cuidado del medio ambiente y la salud de las personas. De nada sirve aumentar la producción agrícola si los alimentos resultan nocivos para la salud.

Ciertamente, en las próximas décadas la humanidad va a tener que aumentar la producción de alimentos,pero esto debe conseguirse con respeto al medio ambiente. Es inaceptable que perversos intereses económicos basados en pesticidas altamente tóxicos estén por encima del cuidado del medio ambiente y la salud de las personas.

El aumento de alimentos se puede afrontar sin un aumento de los agroquimicos tóxicos. Con tal fin, debe cambiar la cultura alimentaria de la humanidad, ya que a partir de 2.050 no se podrá destinar casi la mitad de la producción agrícola para producir carne como en la actualidad. Si la producción agrícola actual se gestionara bien se podría alimentar con ella a 9.000 millones de personas (población estimada en 2.050). Siguiendo esta estrategia, el problema se puede resolver sin un aumento excesivo de la producción agrícola y respetando el medio ambiente. A este respecto, también hay que tener en cuenta que las tierras aptas para el cultivo se están degradando en buena parte del mundo y su superficie ya no se puede ampliar mucho más. Esto requiere un cambio en la agricultura para mejorar la calidad de los suelos y no proseguir con su degradación.

En el futuro los transgénicos deben plantearse para mejorar la producción y la calidad de los alimentos y no para tener tolerancia a todo tipo de agroquimicos como ocurre actualmente. La ingeniería genética no es nociva en sí misma, pero sí en cuanto a sus actuales planteamientos. Esto está conduciendo a una contaminación de los suelos y el medio ambiente y, por tanto, en un perjuicio para la salud de las personas.