Vivimos en un planeta privilegiado que es una joya en el universo y hay que empezar a cuidarlo como lo que es: nuestro hogar. Lo que se pierda en La Tierra se perderá para siempre aquí y en el Universo; lo que existe en La Tierra es único y no existe en ningún otro lugar.

Por tal motivo, no se puede banalizar este tema reduciéndolo a una mera cuestión de intereses y productividad económica.

La pérdida de hábitats y biodiversidad es incluso mucho más grave que el aumento del dióxido de carbono porque éste un día revertirá, pero todos los bosques y los animales que se pierdan se perderán para siempre. A nadie le gustaría vivir con los bolsillos llenos en un planeta convertido en un erial. Aparte de esto, el actual modelo económico es inviable a largo plazo, pues inevitablemente acabaría devastando el planeta. De momento, hemos convertido los océanos en una cloaca y hemos destruido una buena parte de los bosques. Esta grave situación debe terminar.

Es intolerable que banales intereses económicos reduzcan la naturaleza a un modelo de explotación sin fin hasta el agotamiento irreversible de todos los recursos.

El más lamentable ejemplo de lo que se avecina se encuentra en Brasil. Debido a la creciente demanda de soja y aceite de palma se está destruyendo el Amazonas y la sabana del Cerrado para convertirlos en vastas extensiones de dichos cultivos. Ahora que China ha adoptado la dieta occidental con un alto consumo de carne esta tendencia se ha acelerado. Se está destruyendo el Amazonas literalmente para producir carne de cerdo y de pollo. El gobierno de Brasil nada hace por detener esta situación e incluso la alienta de la forma más vergonzosa.

Algo similar ocurre con los bosques tropicales de África y el sur de Asia, donde la deforestación se está acelerando. Los orangutanes y otras especies están condenados a la extinción en un breve plazo de tiempo.

También hay que citar los incendios cada vez más frecuentes que están destruyendo los bosques de coníferas del norte de Asia, que son los más extensos del planeta, para abrir pastos y campos de cultivo.

Comienza a ser inviable destinar el 40% de la producción agrícola para producir carne, de manera que tendrá que cambiar la cultura alimentaria de la humanidad. La producción agrícola actual bien gestionada podría alimentar a 9.000 millones de habitantes. Sin embargo, la producción de carne se ha convertido en un despilfarro y en un motor para la destrucción de los bosques. Los bosques cada vez son destruidos con mayor rapidez y a este ritmo antes de un siglo se convertirán en un recuerdo del pasado.

El planeta es lo suficientemente grande para conservar los bosques manteniendo una abundante producción agrícola. Tan solo es necesario un cambio de mentalidad.

En el siglo XX hemos asistido al fracaso del comunismo y en el siglo XXI estamos asistiendo a las consecuencias del capitalismo desbocado. La ley de la oferta y la demanda no puede conducir a la destrucción del planeta.

 

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