La experimentación empírica es el modelo más fiable para poder contrastar los resultados obtenidos con las teorías formuladas. No obstante, a partir de cierto nivel de complejidad en los experimentos, la tarea puede ser ardua y los parámetros buscados en los experimentos pueden coincidir con las previsiones teóricas de forma más o menos relativa. Los casos más ilustrativos a este respecto se encuentran en la física de partículas, cuya ambigüedad en los resultados hace prácticamente imposible que puedan coincidir de manera absoluta con las previsiones teóricas. En base a ello, podría llegar a demostrarse, con cierto grado de fiabilidad, una partícula que realmente no existe. Si la ciencia cayera en esta trampa se podría llegar a desarrollar una visión del mundo físico al margen de la realidad. Actualmente la ciencia tiene la tendencia de crear conceptos dogmáticos que se dan por válidos en cuanto existen varias coincidencias en la experimentación.

¿PUEDE LA CIENCIA CREAR DOGMAS IRREALES?

¿PUEDE LA CIENCIA CREAR DOGMAS IRREALES?

Esta reflexión no pretende cuestionar la validez de la experimentación científica, pero en ciertos casos puede dar lugar a conceptos dogmáticos hasta el punto de condicionar la visión del mundo. La mente humana tiende a ser dogmática y esto en la ciencia también se manifiesta.

En el futuro la ciencia seguirá distintas líneas de pensamiento. Los conceptos válidos se irán perfeccionado y quedarán marcados por la línea de pensamiento de cada momento. En la investigación todas las cuestiones tienen muchos matices y nunca se puede llegar a una descripción absoluta de todos los fenómenos; pensar de este modo convierte las nociones científicas en dogmas. Es el error que la ciencia tiene que eludir para poder seguir avanzando. Cuando la ciencia crea un dogma como una verdad absoluta e invariable, a partir de ahí un concepto no puede seguir evolucionando. Actualmente se empieza a ver esta tendencia en distintos campos y especialmente en la física. Un dogma científico se anula a sí mismo al impedir todo progreso posterior en la misma línea. La ciencia debe estar en constante evolución sin convertir ninguna idea en un dogma. Solo de este modo pueden surgir distintas líneas de pensamiento para poder abordar la realidad con sus infinitos matices.