Ensueños Rumanos

Ensueños Rumanos

Se encontraba nuestro legendario catamarán Dacia, en aquella inolvidable ocasión, firmemente atracado al muelle fluvial de Dobreta Turnu Severin, donde él para balbucir nuevos signos de naturaleza artística, iba otear y sentir los hermosos jardines de Târgu Jiu, considerada como una  animada ciudad de Oltenia occidental, emplazada al pie de los Cárpatos meridionales, en medio de un gran distrito minero a orillas del río Jiu y que iba dedicada al recuerdo de uno de sus hijos más ilustres, es decir, al tan cristalino escultor rumano Constantin Brâncusi, (1876-1957), de quien se conservaban cuatro grandes esculturas de los años treinta, que estaban instaladas en dos tan exuberantes zonas verdes. Su sensitivo y artístico itinerario, le indicaba que tras pasar las vías del tren, se levantaba ufanamente la altiva y refinada “Columna del Infinito”/“Coloana Infinitului”, que estaba hecha de hierro forjado, siendo recubierta de cobre, e inspirada en la “Pilastra del Cielo”,  que era un elemento decorativo de los porches de las casas de este distrito. Ya aparecía él como por encanto, en el interior de Gradină publică  (jardín público) de Târgu Jui, convertido en el polo de animación cultural, donde iría contemplar la “Puerta del Beso” “Poarta Sarutului”, que tenía un aspecto de tan solemne arco triunfal, maravillosamente concebido en piedra de Transilvania, la tierra “que estaba al otro lado de los bosques”, cuyo tan sensual beso estaba simbolizado por los semicírculos inscritos en los aros de las jambas. Una vez transpuesta la puerta de este hermoso jardín, se encontraba ubicada la “Avenida de los Asientos”, (Aleea Scaulenor), donde se alienaban doce asientos de piedra de Câmpulung. Deambulaba él con demasiada quietud, por tan ancha avenida terminaba en una hermosa y metafórica “Mesa del Silencio” de 2,14 metros de diámetro,  estando rodeada por doce esbeltos asientos en forma de clepsidra. Por otra simbólica ventana de su Sentido de Saber, aparecía ya ante él la ciudad de Timisoara, la capital histórica de Banato, poseyendo en su seno, un monumental casco histórico,  enaltecido por tan hermosa Plaza de la Unión, de planta cuadrangular y rodeada de notables edificios, con frecuencia embellecidos con tantos detalles arquitectónicos, siendo considerada también como la ciudad rumana más cosmopolita, representando un tan hermoso ejemplo de convivencia entre diversas poblaciones, justo cuando aparecía él por la Piata Unirii, una de la plazas más hermosas de Rumanía, trasmutada en un amplio escenario verde, rodeada de magníficos edificios barrocos, pintados de tan vivos colores y adornados mediante una tan rica ornamentación, en todas las cornisas, ventanas y amplias portadas. ¿Qué sentía él a través de todos estos icónicos encuadres? Pues, sensorialmente, palpaba todos los elementos y todas las relaciones, todos los estados y todos los proyectos de una nueva conciencia, que eran creados por la exuberante atmosfera del Parque  Nacional de Retezat, el parque nacional más antiguo de Rumanía, que abarcaba una zona montañosa que se extendía exuberantemente por las escarpadas pendientes de los Cárpatos meridionales. Su pico más alto, se llamaba Peleaga (2509 metros), teniendo en su prístino seno, aproximadamente, unos ochenta lagos de origen glacial, de los cuales el mayor era el lago Bucura, situado a una altitud de 2.040 metros, desde donde se contemplaba el mayestático vuelo de las águilas reales y los negruzco buitres monje, poseyendo también unas 320 especies vegetales, 14 de ellas endémicas, cuya especie más extendida en este parque natural, estaba connotado con el pino cembro ( Pinus Cembra). Como por encanto aparecía él, de aquella vez, por tan hermoso pueblo de Densus,  que se encontraba casi oculto por una tupida vegetación, no estando demasiado lejos de la importante área arqueológica de Sarmizegetusa, siendo una etapa obligada para los amantes del arte, merced a su asombrosa iglesia, edificada entre los siglos XIII y XIV, sobre otro edificio del siglo X, aprovechando todos los materiales obtenidos en las ruinas arqueológicas romanas, de aquí que sus líneas se asemejasen al modelo bizantino del siglo XII, donde  ciertos estudiosos sostenían que el origen de este templo se remontaba al siglo VI, posiblemente a un mausoleo de origen romano. Esta iglesia de planta cuadrada, estaba elegantemente coronada por tan etérea torre, alternando en su construcción la piedra y el ladrillo e intercalando tan hermosas columnas y las lápidas de la época romana, siendo considerada como una de las iglesias más hermosas de toda Rumanía. Estaba dedicada a su tan consagrado patrono, San Nicolás,  ricamente ornada de centelleantes y magníficos frescos, siendo algunos del año 1443 y otros de una época más tardía. Remontándose hasta las genuinas raíces de la cultura rumana, ya aparecía él contemplándolas en medio de tan sugestivo paisaje natural, las fortalezas dacias, ubicadas en las montañas de Orǎştie, y que databan de los siglos I a.C. y I d.C. aunando de modo insólito determinadas funciones defensivas y religiosas, evocando/invocando, el esplendor del mundo clásico y el final de la Edad de Hierro, cuyas legiones romanas conquistaron estas fortalezas en el siglo II d.C. Se abría otra ventana, en la espiral de su palpitante Cuerpo de Percepción, que iba accediendo de forma tan fructífera al amplificado Sentido de Saber, estimulando su acérrima aparición en Hunedoara, una ciudad de Transilvania occidental, donde todavía vivía una prospera comunidad romaní, que había levantado en su periferia increíbles palacios de estilo oriental, cuyos tejados de chapa en forma de pagoda, lanzaban muchos destellos al sol.  La ciudad de Hunedoara, conservaba todavía un soberbio castillo,  uno de los más bellos de Rumanía, justamente cuando aparecía él por el Castelul Corbeneştilor, alzándose tan ufanamente en la cima de la colina de San Pedro,  el edificio de la arquitectura civil gótica más importante de Transilvania, que perteneció a la familia de Corvino, habiendo sido transformado en una suntuosa residencia, estando ornado de  diáfanos salones de representación, pero poseyendo un exterior caracterizado por un aspecto demasiado severo. En este castillo se destacaba la Sala de la Dieta, que en la época de Matías Corvino, fue utilizada como sala de baile y más tarde también como sede de reuniones de la propia Dieta. Yendo si cesar por este tan extenso itinerario, aparecía él como por encanto en Cluj-Napoca, ciudad ubicada a los pies de las estribaciones de los Cárpatos, en el cruce de importantes carreteras, considerada como una tan relevante ciudad cultural, dotada de una prestigiosa universidad y también de muy buenos museos.  Y caminaba él tan afablemente por su tan hermosa Biserica Sfântul Mihail, transfigurada en la catedral católica de Cluj-Napoca, la iglesia gótica más hermosa de Rumanía, habiendo sido construida por Meter Parler, entre el año 1349 y mediados del siglo posterior, siguiendo fielmente los cánones del estilo bohemio alemán. Su hermosa fachada daba la sensación de ser muy compacta, a lo que contribuía la sucesión de tan altos contrafuertes y elevadas y muy luminiscentes vidrieras. Iba él tan ufanamente a través de la portada principal adornada con un relieve del arcángel San Miguel,  concebido en el año 1442, y plagada de una interesante iconografía, donde se destacaba la figura del arcángel, aplastando una tortuga- símbolo de las tinieblas-, para desfrutar después de tan admirable elegancia de su recóndita nave interior, cuyo espacio estaba dividido por pilares de columnas adosadas, sustentando suntuosas bóvedas de estrellas de ágil nervadura. Y contemplaba él, en el altar de la derecha, tan maravilloso retablo de la “Adoración de los Reyes Magos”, concebido por F.A. Maulpertsch, en el siglo XVIII, habiendo todavía ciertos fragmentos de tan magníficos frescos, concebidos en el siglo XV,  dañados durante el periodo transitorio, en que esta catedral fue de culto evangélico. Poniendo sus cinco sentidos totalmente despiertos, a fin de experimentar  nuevas sensaciones y así, poner término a este extraordinario y tan mágico itinerario, aparecía él finalmente en la estación de Viseu de Sus, justamente a las 7 horas de la mañana, dando comienzo a un original viaje, que podría deparar unas emociones inigualables a tan insaciables viajeros, que dispusiesen  de cierto tiempo y de capacidad de adaptación, para poder contemplar con demasiada quietud, a la tan agreste belleza de estos tan jugosos y fabulosos paisajes del Maramureş más desconocido. Pues durante unas doce horas, un tren a vapor alimentado por unos muy gruesos troncos de madera, iba recorriendo a la velocidad de 10-15 km por hora, el exuberante valle del Viseu, trasmutado en una verdadera maravilla,  encontrándose él  con tan hermoso paisaje,  donde se alternaban tan exuberantes bosques de montaña, suaves valles, muy fértiles campos cultivados tan ricamente de girasoles, trigo, cebada y mucho maíz, y donde se vivía a un ritmo tan pausado, sorbiendo indeleblemente de tan bucólicas escenas pastoriles, donde los hombres viajaban tranquilamente en pintorescos coches de caballos.   Y Aparecía él por fin en Maramureş, genuina región cargadas de tantas particularidades, donde sus propias gentes hacían gala de ser los descendientes directos de los antiguos dacios, siendo también tan hermoso lugar donde se ubicaban las antiguas iglesias de madera de Maramureş, unas excelsas manifestaciones de la arquitectura popular, hechas con gran pericia técnica y  un determinado estilo muy bien definido, situadas en mitad de un camposanto al que se accedía por una gran verja de madera tallada, coronando las iglesias unos altos pináculos, ornadas con frescos de estilo popular, donde las propias pinturas se hacían directamente sobre la cálida madera de las propias paredes y solo en las uniones entre los ejes se ponía una banda de tela para aportar una determinada uniformidad a la delicada superficie pictórica. Impregnado de tan prístinas sensaciones, ya aparecía él mágicamente por Rozavlea,  a fin de apreciar su Biserica de Lemn, cuya iglesia se había terminado en el año 1717, estando enaltecida por una magnifica cubierta a doble vertiente, además de una notable galería de pinturas de los siglos XVIII y XIX, realzando plenamente la viveza de sus intensos colores. Fueron concebidas directamente sobre la propia madera, a excepción de las uniones entre los ejes cubiertas por tiras de tela, y en el ábside donde la tela revestía íntegramente la madera, sorprendiéndole algunos de los temas tratados, como  el “Carro de Elías”,  el santo más temido por los campesinos, al ser el causante de terroríficas tormentas de granizo. En la pronaos,  contemplaba él la “Persecución de Santa Cristina”, una obra pictórica de un soldado húngaro, cuyo  iconostasio sagrado que dividía el espacio sagrado del profano, estaba ricamente ornado con “Los apóstoles en torno a Cristo en majestad”, centelleante obra pictórica creada en el año 1810.

 

 

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