Ensueños Rumanos

Ensueños Rumanos

En el “rayar” de nuevo día, ya empezaba a bullir subjetivamente un nuevo y consagrado Cuerpo de Percepción, que paulatinamente iría acceder a un nuevo Cuerpo de Saber, desarrollando oblicuamente otros logos de tan vibrantes y vivas percepciones, que formarían más tarde un precioso collar de clarividentes Cuerpos de Conocimiento. Por el ameno éter, retozaba la edénica y tan reverdecida primavera, dando inmanentes alas a tan pujante Naturaleza, que vibraba al compás de intensos, reverberantes matices verdeantes. A lo lejos, desde una ensoñadora perspectiva atmosférica, todavía envuelta en ennegrecidas y noctívagas sombras, pululaban mágicamente ciertas estelas luminosas en tan oscura noche, donde el agua de tan majestuoso río Danubio, emitía a veces ciertas iridiscencias azulencas, a causa de la noctiluca, unos vívidos organismos unicelulares bio-luminiscentes. Inmerso en constante flujo de energía acuosa, iba navegando solitariamente tan emblemático, colorido y sofisticado catamarán Dacia, movido de forma tan sostenible por hidrógeno, que era producido por el sistema de electrolosis, yendo por  tan exuberante Parque Nacional de Djerpad, de Serbia-Montenegro, donde durante una colosal longitud de 96 kilómetros, el romántico río Danubio, iba proporcionando gradualmente de forma tan extraordinaria una fabulosa y tan sobrecogedora contemplación telúrica de cuatro abruptos cañones y dos azulencos y muy profundos lagos interiores. Ocurría tan excepcional visión justo en el momento en que el legendario catamarán Dacia, iba navegando silenciosamente por tan escarpado desfiladero de Golubac, connotado telúricamente con tan breve recorrido de 16 kilómetros, en el cual habían abruptos farallones y el curso del alargado del río Danubio, se iba encajonando cada vez mnnaás entre tan elevados farallones. Bajo incesantes flujos de energía sostenible y poco contaminante, justo cuando el catamarán Dacia se deslizaba por los márgenes fluviales de Lepensky Vir y Donji Milanovac, entonces el cauce del río Danubio volvía nuevamente a ensancharse, hasta adquirir por fin el imponente aspecto de un enorme lago fluvial, donde lo más impresionante ciertamente vendría a partir de Donji Milanovac, pues el río Danubio describía en su tan ancho cauce, un brusco meandro hacia el norte, donde nuevamente su curso empezaba a estrecharse, otra vez, para adentrarse por fin en el desfiladero de Kazan, considerado, orográficamente como el desfiladero más estrecho y más profundo del río Danubio, quedando el mismo aprisionado entre abruptos acantilados, que llegaban a alcanzar en ciertos puntos 800 metros de vertiginosa altitud, mientras que su tenebrosa y oscurecida hondura, llegaba hasta  los 90 metros de profundidad- siendo considerada como la más grande de toda Europa- poseyendo el río Danubio en aquel maravilloso lugar una dilatada anchura de 147 metros. En un ápice, el emblemático catamarán Dacia, dinámico “ castillo flotante”, empezaba a navegar tan cerca del peñón de Kazan, antes de llegar a la histórica “Mesa de Trajano”,  donde ocurría en su alargado curso, fuertes y  vibrantes remolinos blanquecinos… condensando el saber en cognición…  se co-nacía con lo co-nacido, creando tan expectante Cuerpo de Conocimiento, que iba narrando en términos de intrahistoria, que durante el año 106, el emperador Trajano, denominado insigne Philopólemos– amante de la guerra- había regresado victorioso de su tan larga guerra contra Decébalo,  rey de los antiguos dacios. El constante interés de Roma, por controlar las tan ricas minas de oro de Dacia, habían granjeado a este emperador romano, cerca de 16 toneladas de oro, además de 33 toneladas de plata y el pleno control, para la explotación de tan codiciadas minas de oro, según narraba el historiador bizantino Juan Lido. Esta gran victoria militar había sido inmortalizada para siempre en el complejo más grandioso proyectado en la antigua Roma, Caputi Mundi, triunfalmente trasmutado en tan impresionante Foro de Trajano. Siendo indudablemente el más grandioso de todos los Foros Imperiales, cuyo conjunto arquitectónico fue ideado por tan sobresaliente arquitecto nabateo Apolodoro de Damasco, (111-114), donde se conserva intacta actualmente parte de la basílica Ulpia y la majestuosa e insigne Columna de Trajano. Esta elegante y policroma columna de 40 metros de altura, estuvo durante el Imperio Romano, tan ricamente adornada por un triunfal friso con relieves policromos (155 escenas protagonizadas por más de de 2500 figuras), connotado con una etérea estructura basada en 21 tambores de translúcido mármol, que integraban la columna de 100 pies de altura, desplegándose en espiral unos 23 paneles con relieves, que extendida en línea recta llegaba a alcanzar los 200 metros de longitud y que pudieran ser apreciadas en todos sus detalles, desde las elevadas ventanas y los altos balcones de las dos antiguas bibliotecas que existieron en este monumental foro,  contando con pequeñas ventanas que permitían iluminar su escalera interior en forma de espiral, habiendo sido inaugurada por el emperador Trajano, en el año 113 d.C. y conmemorando así sus dos campañas en Dacia (Rumanía), en los años 101-103 y 105-106, exaltando la ansiada consecución de una nueva era de paz y felicidad (la felicitas temporum) de los Antoninos. Y tan altiva columna mostraba al indómito emperador Trajano, bajando por el majestuoso río Danubio, propiciando la ayuda de los propios dioses, exhortando a sus valientes tropas, conduciéndolas e inspeccionando sus incesantes trabajos y planificando las batallas con sus generales, donde a principios del siglo II,  sometió manu militari al reino de los dacios, regidos entonces por el tan fiero rey Decébalo, destruyendo su capital, Sarmizegetusa, para renacer después como la romanizada Sarmizegerusa Ulpia Traiana, donde su rey Decébalo se dio muerte para no caer en poder de tan abrumador enemigo romano.

Sigue leyendo a José Manuel da Rocha