Y las tan mágicas ciudades subterráneas de Kaymakli, escondían en realidad una gigantesca ciudad excavada en un terreno de toba especialmente friable, posiblemente entre los siglos VI y X, estando dotadas de unas dimensiones impresionantes, que resultaba muy difícil imaginar cómo se podía acceder a una ciudad tan grande por ocultos pasadizos demasiado estrechos.

Y las construcciones subterráneas, se agrupaban alrededor de una chimenea mágica, por la que entraba el aire para asegurar que hubiera siempre buena ventilación, cuya temperatura ambiente en el interior de las cuevas era casi siempre constante durante todo el año,  lo cual proporcionaba un buen refugio templado en invierno, y fresco, durante el verano. Y esta ciudad troglodítica, se articulaba en ocho niveles distintos,  de los cuales se podían visitar cuatro niveles,  alcanzando una profundidad de 45 metros. Esta especie de colmena humana, había sido excavada por motivos de seguridad humana, preguntando él  ¿Dónde se encontraba el agua potable /el agua mitro-particulada, que se cristalizaría de forma tan bella y equilibrada? Y llevando él alforjas de bondad a sus espaldas, ya deambulaba él por Derinkuy, que era formado por doce pisos, de los cuales, “in situ”,  solamente se podían apreciar ocho pisos, enorme y complicado queso suizo donde habían agujeros por doquier, ventanas entre habitaciones, caminos que iban en varias direcciones y un sinfín de estancias, comunicándose  misteriosamente con el monasterio de Kizlar, cuyos austeros monjes vivieron y trabajaron tan recónditamente en esta sagrada formación geológica plagada de tantos huecos, y para poder alcanzar los niveles superiores, probablemente utilizarían ellos, ciertas escalas o entablados.

Las ciudades subterráneas

Las ciudades subterráneas

Llevando una linterna, ya deambulaba él cerca de Iglesia Karanlik, también llamada la iglesia oscura, que fue construida en el siglo XI, habiendo sido edificada sobre unos pilares alrededor de un pequeño y recóndito patio,  y cobijaba en su seno unos resplandecientes frescos que describían la divina Ascensión de Cristo y para poderse plasmar las maravillosas pinturas murales de esta suntuosa iglesia,  considerada como una de las más famosas de la época bizantina tardía, fueron trasladados a Capadocia, los mejores pintores de luz-pintores orantes, de la aglutinante y grandiosa ciudad de Constantinopla.

Y se encontraba él en tan álgido momento de su tan peculiar química estética-ética, en el más pulcro de los silencios, intentando descifrar todas las variaciones de sus sentimientos de valioso respecto hacía sí mismo, afinando ciertos resortes inescrutables de su pendular auto-estima, de su inquebrantable capacidad de superación, queriendo atesorar, ante todo, una enorme cantidad de fotografías, cómo palpable e impertérrita memoria, cómo vívido simulacro de su vida “real”,  en su personal y sinérgico trasiego existencial, por este caótico mundo del siglo XXI, tan rebosante de descomunales vicisitudes terrenales, de una tamaña vulnerabilidad de masas, atizado de un imparable y negativo cambio climático para toda la biodiversidad.

Era la inmanencia de la bifronte Nemésis, la complejidad, el caos, la incertidumbre, el motor económico fagocitando todos los resquicios de la justicia social, vulnerando todo el sentido de la vida en sus más aceptables leyes de sentido común. Y con verdadero sentimiento del alma, exaltaba él todo el amor a su propia Tierra, su retina era el cirio de la tierra,  que ansiaba presentir su variable naturaleza “espiritual”, para poder tocar con empatía toda la belleza de la bondad y también del dolor de los cuerpos, para que todo en la Tierra fuera sanado en ese haz de luz curativa. Y hacía él renacer su “levedad existencial”, que se iba palpando bajo el constante fluir de su vida [micro]cósmica, palpitando intrincadamente a su alrededor el dinamismo, casi rítmico, de su ligero cuerpo, en su supuesto mundo real, hecho de azar, porque el azar era el hermético elemento que aliviaba siempre la previsibilidad del viaje y todo su sentido empírico. 

Y se movía él, sin nunca estresarse, conduciéndose siempre hacia el “Carpe Diem”, con su mirada, constantemente bajo el incandescente efluvio de un inflamado “elán vital”, para descubrir los ángulos más asombrosos de estos primigenios espacios naturales, todavía muy poco transformados por la  dañina acción depredadora del hombre, en un insostenible mundo superpoblado compuesto de unos siete y medio millones de habitantes, un mundo  con una flagrante falta de pragmatismo sensible. Tal vez, fuera necesario trazar un nuevo plan de emergencia, reduciendo las tasas de crecimiento y población y el consumo de tan limitados recursos.

Y podría haber un punto de no retorno a causa del impacto humano, habiendo que sustituir forzosamente todo el gasto energético por nuevas fuentes renovables, y habría de tener que aumentar la eficiencia y racionalidad, en la producción de alimentos, es decir, la implacable perentoriedad del estomago, mejorando para tal efecto toda la gestión de las zonas productivas, que aún no habían sido dominadas por la mano del hombre. Sin embargo, la aturdida superpoblación, estaba ya provocando una serie de cambios, que podrían conducir a un nuevo estado planetario, alterando nefastamente toda la química de nuestra frágil atmósfera y de los profundos y azulencos océanos, causando unos grandes trastornos en los flujos de energías que iban desde el principio hasta el final de toda la cadena alimentaria. 

«Y las construcciones subterráneas, se agrupaban alrededor de una chimenea mágica, por la que entraba el aire para asegurar que hubiera siempre buena ventilación…»

Y el infernal y acojonante aumento de la población humana, acarrearía un mayor consumo de recursos y energía, asociada a la transformación y a la total fragmentación de todos los paisajes universales, que producirían en cadena tantos cambios que modificarán posiblemente todas las condiciones atmosféricas, oceánicas y terrestres, amenazando, como si fuera una inexorable Espada de Damocles, a la propia supervivencia de toda la biodiversidad actual.

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