Según Panodoro de Alejandría, la numeración de los años comenzó hace 7526 años, para este monje egipcio, fue cuando se dio inicio la creación y con ello la contabilidad del tiempo, con el pasar de los siglos, y la consolidación de la religión cristiana en occidente, a partir de 1582 comenzó a utilizarse el calendario gregoriano, promovido en la bula Inter Gravissimas, por el Papa Gregorio XIII, basado en estudios hechos por la Universidad de Salamanca, básicamente las diferencias consistían, en que el calendario bizantino comenzaba cada año el 1 de septiembre, y una diferencia de 13 días más para los gregorianos, lo primeros países en adoptarlo, fueron España, Italia y Portugal, otros esperaron mucho más, por ejemplo Gran Bretaña y sus colonias lo hicieron hasta 1752. La conversión calendárica funcionó así; Grecia cuando la llevó a cabo, se durmió el jueves 1 de marzo de 7432, y despertó el miércoles 15 de febrero de 1923.

La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, llevó a cabo su cambio de calendario después del triunfo de la Revolución Rusa en 7426 (1917),  por ello es que icónicamente se le conoce como la Revolución de octubre, ya que inició la madrugada del día 25, si bien al hacer su cambio de calendario la fecha se estableció el 7 de noviembre, hace 100 años triunfó uno de los movimientos, sociales culturales, políticos y económicos, que más han impactado a la humanidad.

Siguiendo los preceptos teóricos de los prusianos Karl Heinrich Mordejái Marx y Friedrich Engels, que hablaban sobre la evolución de la humanidad y su regreso evolutivo a la etapa socialista y posteriormente al comunismo, pero después de haber pasado del feudalismo, al capitalismo y de este al imperialismo, que ellos suponían se daría en Gran Bretaña, por ello vivieron y trabajaron allí, ya que cumplía con el proceso que teóricamente suponían, otro país que les llamaba la atención y hasta podemos decir, les gustaba, por lo que observaban con posibilidades de éxito, si se consolidaba, era Estados Unidos.

Los conceptos eran esencialmente, el reparto justo de la riqueza, en donde la plusvalía que tenía en burgués, o el dueño del proceso productivo, era legitima y hasta necesaria, siempre y cuando se pagara lo justo al obrero, que le permitiera cubrir sus necesidades de alimentación, vivienda, salud, educación y recreación, lo que daría un desarrollo integral de la persona, Karl Marx, hablaba desde 1850 de la dictadura del proletariado, teniendo al Estado como garante de vigilar que este reparto, se hiciera de forma justa y adecuada, bajo un principio, “a cada quien según su capacidad, a cada cual, según su necesidad”, reconociendo con ello, que no todos somos iguales.

100 AÑOS DE UTOPÍA

100 AÑOS DE UTOPÍA

Si bien, lo anterior lo conocían y lo entendían perfectamente Vladimir Ilich Uliánov (Lenin), Lev Davídovich Bronstein (Trotski), y Iósif Vissariónovich Dzhugashvili (Stalin), quienes encabezaron un movimiento que enamoró a la inmensa mayoría de un pueblo hastiado de la opresión, la miseria, el despotismo, que los gobiernos de barbarie de los zares, habían impuesto en el territorio ruso; un pequeño detalle, las condiciones de evolución económica, política y social, no se habían dado, la Rusia de 1917, vivía una monarquía feudal, con 300 años de atraso a lo que sucedía en Gran Bretaña, y a años luz, de la democracia estadounidense, pero cuando la justicia de un movimiento y la nobleza de la causa, es rebasada por la emoción y la mentira, se prostituye, y se avanza sin medir las consecuencias que traerá desgracias posteriores.

A pesar de las diferencias sustanciales de opinión, sobre cómo hacer operativo el gobierno emanado de la Revolución triunfante, Lenin y Trotski, pactaron una alianza que permitiría construir el socialismo soviético, con la muerte prematura de Lenin, Stalin se hizo del poder, y en nombre de ese socialismo humanitario para engrandecimiento de la raza humana, asesinó, pervirtió, vejó, corrompió, violó y abusó del pueblo ruso, que trabajó de forma incansable y esclavizada, por alcanzar la cotas de desarrollo que les obligaban y a los que sometían, los planes quinquenales, que eran absolutamente contra natura a lo teorizado por los prusianos, en donde la gente era obligada a laborar en jornadas inacabables e infrahumanas.

“…el reparto justo de la riqueza, en donde la plusvalía que tenía en burgués, o el dueño del proceso productivo, era legitima y hasta necesaria, siempre y cuando se pagara lo justo al obrero”

Los índices de bienestar en salud, educación, alimentación y vivienda, logrados en la URSS, no los tuvo otro país, el desarrollo científico, que colocó al primer hombre en el espacio sideral, es imperativo reconocerlo y admirarlo, sin embargo, a partir de la década de los ochenta, los médicos sin medicina, las limitaciones alimenticias y de vivienda, destaparon las cloacas de corrupción en la que los dirigentes habitaban, como la maravillosa colección de autos antiguos occidentales, que llegó a poseer el líder Leonid Ilich Brézhnev.

100 años del triunfo de una Revolución, que trajo esperanza e ilusión en muchos, como bien lo dijo Trotski, ese día “una importante página fue escrita en la historia de la humanidad”, lamentablemente John Silas Reed, reportero de guerra que cubrió las Revoluciones mexicana y rusa, lo dijo casi inmediatamente en 1919, en su libro 10 días que estremecieron al mundo, “la luna de miel duro poco”.

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