ARGENTINA EN TOBOGÁN

 

El próximo 10 de diciembre, Mauricio Macri cumplirá tres años como presidente de la Argentina, y el país está a punto de la quiebra económica, la cual siempre trae aparejados rompimientos sociales y políticos, hoy es el momento en que él, debe mostrar serenidad y velocidad de reflejos financieros, lo peor que le puede suceder, es la duda, o la toma de decisiones precipitadas.

 

Cuando llegó a ocupar la Silla de Rivadavia en la Casa Rosada, la expectativa era por demás alta, especialmente después de la crisis económica de inicios del milenio, en la que prácticamente desapareció la economía y de casi trece años, en donde el kirchnerismo, utilizó el subsidio y la estatización como medio de clientelismo electoral, que hasta la fecha le sigue dando réditos políticos, hoy el país que tiene el mayor índice de desarrollo humano de América Latina, solo superado por Chile, se encuentra a la deriva.

 

Como todas las crisis económicas, tiene varias faces, que evidentemente cuenta con elementos internos y externos; analicemos por partes:

Al interior, primeramente debemos destacar una mala implementación de la política económica, si bien es cierto, desde que llegó el nuevo gobierno, enfrentó finanzas comprometidas heredadas por los Kirchner, los planes que se implementaron, no dieron los resultados que esperaban, y los ajustes en los precios especialmente del transporte público y los combustibles, tuvieron alzas muy elevadas, en espacios de tiempo demasiado cortos, lo que impulsó los índices inflacionarios, los cuales en su mejor año, 2017, llegó a 25 por ciento, lo que significó la séptima más alta del mundo, y en Latinoamérica, solo superada por Venezuela, pero en los niveles de Yemen y Angola, y más alta que la que tuvieron Sudán y Burundi, este año se calcula topará en el 40 por ciento, igual que 2016.

 

Al inicio de su gestión de Mauricio Macri, desactivó el tipo de cambio fijo, y redujo la emisión de moneda, pero los errores de los operadores, no rindieron los frutos deseados, el déficit fiscal sigue por las nubes, lo que es indicativo, de que el gobierno sigue gastando más de lo que ingresa, en 2015 fue de 4.1, para el 2016 llegó a 4.6, el año siguiente, bajo a 3.9, este año la meta era 2.7, lo cual seguramente no se cumplirá; las recientes medidas de reducción de ministerios de 22 a 10, tiene un impacto más publicitario que económico, no será suficiente, definitivamente, y por doloroso que sea, se tendrá que incluir los gastos a los programas sociales.

 

Resultado similar tuvo la medida de incrementar los tipos de interés, primero al 40 y posteriormente al 60 por ciento, lo que no solo, no cumplió su objetivo de tranquilizar los mercados, y la fuerte presión que ya tenía la moneda, sino que por el contrario, la reacción fue la caída abrupta del peso, y la semana que termina, rebasó los 40 por dólar, lo que significa una devaluación de más del cien por ciento, en lo que va del año, hoy en día, las reuniones del economista Nicolás Dujovne, Ministro de Hacienda de Argentina, con la abogada Christine Lagarde, Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional, en Washington, pareciera agilizar la llegada de los préstamos que estaban programados para los próximos dos años, lo anterior le regresó valor en el tipo de cambio, la presión continúa a tope, porque las recetas del organismos financiero, siempre van a la medula de los programas de apoyo a los más pobres, y es un hecho que los impuestos a las exportaciones, tendrá que ser muy limitado, ya que estaría desincentivando el ingreso de divisas.

 

Como consecuencia de los elementos anteriores, la pérdida adquisitiva va en incremento, y si como todo parece indicar, la producción acumulará su primer trimestre en caída, especialmente en la de alimentos agropecuarios, que es su mayor fortaleza, la situación es para prender los focos rojos y estar alertas.

 

Si a todo ello le sumamos los elementos externos, las sombras sobre el país austral, parecieran oscurecerse más, la subida en la tasas de interés en Estados Unidos, fortaleció el dólar, lo que propició la salida de capitales de prácticamente todos los mercados emergentes, en especial el argentino, que lo ha resentido de forma especial, por la debilidad en la que se encuentra, lo mismo sucede, con la devaluación de la lira turca, la guerra comercial de los norteamericanos con China, y de manera notable, la caída en las importaciones de Brasil, su principal comprador  en la región.

 

Si bien es cierto, el coctel descrito anteriormente, pone a prueba cualquier economía del mundo, aunque se está muy lejos de llegar a los niveles de principios de siglo, causa más nerviosismo e incertidumbre en Argentina, donde todavía se huelen los estragos de la hecatombe de diciembre de 2001, cuando el pueblo le exigía, ¡que se vayan todos!