Desde el 23 de junio de 2016, cuando se dio a conocer, que los británicos en referéndum convocado por David William Donald Cameron, por estrecho margen de 48.1 por ciento, contra 51.9, a favor, habían optado por salirse de la Unión Europea, no quedaba ninguna duda que el proceso sería muy complicado, demasiado, tal vez.

Y es que, para Albión, la negociación significa salir con el menor daño posible, quitándose de todas las contribuciones que significaba estar en el organismo, como las cuotas de inmigrantes, y los servicios sociales para ellos, pero sí, mantener los beneficios de la institución, por ejemplo, el acceso a los mercados de forma preferencial. Muy lejos del mensaje que los negociadores de Bruselas quieren establecer, y dejar como precedente, a fin de evitar posibles nuevos intentos de abandonar el ente, como en su momento lo plantearon Grecia y Portugal.

Estamos justamente a seis meses de que se cumpla el plazo para iniciar la salida britanica, que es el 30 de marzo de 2019, y de ahí hasta finales del 2020, se tendrá una etapa de transición, con lo que cerrará un ciclo que no cumplió los 50 años, sin embargo, los avances en las negociaciones no son los esperados a esta altura de los tiempos, y lo peor de todo, es que no se vislumbran acuerdos a corto plazo.

Casi inmediatamente después del referéndum, Theresa Mary Brasier, tomó las riendas del Gobierno londinense, desde el inicio de su gestión, ha ideado diferentes métodos para lograr la salida de la forma menos dolorosa para su país, de la Unión Europea, en un principio planteó 12 puntos que contenían la ruta de escape, pero al interior del mismo partido conservador, que la mantiene en el poder, no han podido convencer a las mayorías del mismo; hace dos semanas, en un último intento por mantener el control del poder político, pero además llevar a cabo el mandato del BREXIT, que los ciudadanos dieron al gobierno, la Primer Ministra, planteó a mediados de septiembre pasado, el conocido Plan de Damas, en referencia a que se negoció en la casa de campo de la lideresa, Chequers Court, destacando retomar el control de las leyes y el dinero británico, rescatar su soberanía en temas de inmigración, tener un acuerdo de regulación agrícola conjunta con Europa, una frontera blanda en Irlanda del Norte, asegurar la movilidad de sus ciudadanos por el resto de Europa, así como acuerdos de asociación económica, y una sociedad en seguridad, buscando en el futuro apoyarse mutuamente en aviación y energía nuclear. Inmediatamente ésta propuesta de acuerdo provocó la renuncia de cuatro ministros de la línea más dura y radical, para los que no es suficiente.

Hoy Theresa May, tiene apoyos débiles y busca a toda costa llegar fuerte a las negociaciones con Bruselas, el 18 y 19 de octubre próximos, por ello es que la semana que termina, a ritmo de “dancing queen” del grupo ABBA, se presentó ante su grupo parlamentario, para solicitar no la dejen sola, el mensaje intentaba que se le notara optimista y relajada, pero lo anterior no evitó que en el momento preciso, advirtiera que si Reino Unido tiene que llegar a un BREXIT sin acuerdo, lo harían, lo que significaría un duro golpe, pero confía en que la fortaleza del pueblo británico los sacará a delante, informó que no firmaran un acuerdo a cualquier precio, un convenio que fracture el país o que no convenga, además, no dejo pasar la oportunidad para reiterar que no habrá otra consulta, que el pueblo británico ya decidió y que se debe tener la certeza que saldrán.

 

Reino Unido es la quinta economía del mundo, solo después de Estados Unidos, China, Japón y Alemania, por supuesto que no tiene un peso menor en el concierto internacional, y mucho más en su región, indudablemente que una salida friccionada como hasta ahora se prevé dejará saldos negativos para los isleños, pero también para los europeos y en general para el orbe.

 

Sin lugar a dudas, más allá de la cuotas económicas británicas que impulsan desarrollo del resto de Europa, así como su baja importante en el prorrateo de la inmigración, el punto que más fricciona las negociaciones, es la frontera de Irlanda del Norte, con Irlanda, en donde la Unión Europea sugiere un estatuto especial para la región del Úlster, para que no salga completamente del organismo, con el propósito de que no vuelva a haber fronteras físicas en Irlanda, lo que de facto para Reino Unido significaría perder la soberanía que desde hace un siglo mantienen sobre la región, y dejar para el Éire la totalidad de la Isla, por la que han luchado ochocientos años y se espera el apoyo del Nosotros Mismos. Es un hecho que lo anterior no está en la mesa para los británicos.