Y ahora Colombia, pareciera ser que los latinoamericanos hemos hecho del año que está por terminar, el lapso de la intranquilidad y la zozobra política y social, aun no terminaban de apaciguarse los ánimos en Argentina, Brasil, Guatemala y Honduras, cuando estallaron con tremenda violencia conflictos en Bolivia, Ecuador, Chile, Haití, Nicaragua, y Venezuela, hoy en día varios de ellos en tránsito, además en México con alfileres.

Colombia en turno

Colombia en turno

No hay tregua, Colombia se sumó la semana que termina a la lista de naciones con revueltas populares, hay que decirlo, ningún conflicto social, nace de la noche a la mañana, todos son producto de la suma de una serie de situaciones derivadas especialmente de la pobreza, marginación, discriminación, corrupción desenfrenada, mal funcionamiento y manejo de la economía, pero fundamentalmente de la insensibilidad gubernamental, que no ha generado los canales de resiliencia y empatía de la que los gobernantes recientes o actuales, carecen en absoluto.

El denominativo de Colombia se establece el 15 de febrero de 1819, durante el Congreso de Angostura, donde se aceptó la propuesta de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco, que en la Carta de Jamaica, sugería el nombre para los territorios que en ese entonces comprendían, la Capitanía General de Venezuela (Venezuela), la Nueva Granada (Colombia), y Quito (Ecuador), para con ello honrar a Cristoforo Colombo Fontanarossa, navegante, fortuito descubridor del continente, al separarse los tres países en 1830, los hoy colombianos deciden llamarse República de la Nueva Granada, pero 33 años después, retoman el nombre sugerido por el libertador, no sin tener que sortear alguna inconformidad de los vecinos.

El actual presidente del país Iván Duque Márquez llegó al máximo cargo político nacional a los 42 años, siendo con ello el más joven de la época moderna de la república, tuvo una cuidada educación privada, graduado en leyes, por la Universidad Sergio Arboleda, con posgrados en Georgetown y Harvard, representa a la derecha más radical de Colombia, fue senador y esencialmente por sobre todas las cosas discípulo del expresidente Álvaro Uribe Vélez, enemigo a muerte de Juan Manuel Santos Calderón, el gobernante anterior, a quién él había impulsado a la primera magistratura, sin embargo, la negociación de la paz con los grupos guerrilleros los termino de distar, además de que sin duda fue la discusión que sirvió como fiel de la balanza en las elecciones de hace un año.

Hace solo cuatro meses, el 7 de agosto, los 48 millones de colombianos salían a las calles a celebrar 200 años de independencia reconocida de España, hoy los motivos de las manifestaciones son distintos; no es la primera vez en el año que los estudiantes universitarios salen a pedir que se cumplan los acuerdos de aumentar los presupuestos destinados a la educación; la matanza de indígenas especialmente en Cauca (departamento del sureste nacional), en donde todo parece indicar que disidentes de los grupos guerrilleros no han cumplido los acuerdos de paz y continúan atacando a la población especialmente aborigen, además de que la inversión gubernamental destinada a proyectos productivos que se había comprometido desde el 2018 no llega; en tercer lugar, el delicado incumplimiento gubernamental de la sustitución gradual y voluntaria de los cultivos de uso ilícito por alternativas de subsistencia para las comunidades pobres, el anterior es el punto cuarto del acuerdo con la guerrilla, a lo que el presidente Duque Márquez todo indica, no está muy dispuesto a colaborar, de hecho a principios de año, ya había presentado desacuerdos con la Ley de la justicia para la paz, lo que le ocasionó protestas y desavenencias nacionales.

El punto que me parece más delicado y llama poderosamente la atención, es que si bien aún no se aplican una serie de medidas económicas, que entrarían en vigencia el próximo año, ya los rumores populares hablan de la eliminación del fondo estatal de pensiones, el aumento a la edad de jubilación, así como reducir el salario para los jóvenes, hasta ubicarlo en un 75 por ciento del mínimo, lo cual el gobierno ha dicho no está contemplado en ningún decreto o legislaciones próximas, pero la rumorología y la desconfianza han tenido más fuerza que la nula credibilidad del presidente, a solo un año de gobernar.

Finalmente no podemos dejar de destacar la saña con la que la policía ha actuado contra las manifestaciones.

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