Conforme se acerquen los días para le reunión del 12 de junio, entre Donald John Trump y Kim Jong-un, en la ciudad-estado de Singapur, se vivirán momentos tensos, y seguramente, en muchos casos se hablará de cancelar, una de las reuniones que ha generado más expectativas en los últimos años, y es que sin lugar a dudas, el simple hecho de reunir a los líderes de Estados Unidos y Corea del Norte, es un supuesto que pende de alfileres, que se magnifican cuando los protagonistas de la misma, tienen como característica principal la banalidad y el vodevil.

 

Después de que en años pasados los coreanos, desarrollaron su programa nuclear de manera intensiva, y pusieron al mundo con los nervios de punta, en especial, a sus vecinos del sur y a Japón, territorio por el que en más de una ocasión sobrevoló algún misil, la diplomacia mostró su reiterada eficacia, y no solo logró la distención entre los actores peninsulares, sino que aprovecharon la coyuntura de los XXIII Juegos Olímpicos de Invierno, para enviar negociadores de alto nivel a Panmunjom, aldea de 10 casas, ubicada a la rivera del Sa´cheon, justamente en el paralelo 38, que divide artificialmente la península, y que históricamente desde 1953, ha sido el centro de reuniones, cuando estos rivales ideológicos, tienen a bien sentarse a intercambiar propuestas para mejorar sus relaciones.

 

Los resultados de la reunión no solo trajeron consigo la participación conjunta de los dos países en la justa, sino que la delegación deportiva fue encabezada por la hermana del Glorioso Líder, Kim Yo-jong, quien definitivamente no solo cumplió con el protocolo, sino que además, logró avances en la distención, ya que acercó a los dos líderes que comparten la ínsula, donde los gestos de relajamiento fueron evidentes, al invitarse a pasar por cada uno de los lados de la frontera, tomados de la mano.

 

A raíz de lo anterior se anunció la reunión cumbre entre ambos personajes de la farándula mundial, la cual llega en un momento delicado, en donde el escenario en el oriente cercano está complicado, y bien valdría la pena, tener medianamente apaciguada esta zona del globo terráqueo, que sin duda se juega en varias canchas, además de los dos asistentes, podemos mencionar a China, Corea del Sur, Japón, Rusia, y Singapur, para no decir, que literalmente la paz mundial estará en la mesa de negociaciones.

 

Corea del Norte ha realizado concesiones que no pueden dejar de ser tomadas en consideración, liberó a tres estadounidenses que tenía cautivos, acusados de espías, los cuales ya fueron recibidos por el presidente de su país, como héroes nacionales; además aceptó y firmó una declaración conjunta, frente a todos los medios de comunicación del mundo, para desnuclearizar la península y no solo eso, sino que avanzando más allá, suspendió de forma unilateral todas sus pruebas con misiles, lo cual fue comprobado con imágenes de satélite, que son consideradas como la primera prueba definitiva del desmantelamiento del sitio.

 

Por su parte el gobierno de Donald Trump, ha enviado mensajes, lo menos, contradictorios; se esperaba la cancelación de los ejercicios militares que año con año, lleva a cabo con Corea del Sur, sin embargo, la operación Max Thunder, se llevó a cabo con más de un centenar de aviones, entre los que destacaban los bombarderos B-52, si bien es cierto, no se invitó como todas las ocasiones a los periodistas que difundieran la nota, otro traspié se dio al invitar a hablar en la Asamblea de Seúl, a Thae Yong-ho, quien hasta hace poco se desempeñó como agente diplomático del norte, y desertó mientras trabajaba en Londres.

 

Sin embargo, lo que hasta el momento ha molestado más al régimen de Kim, fue la declaración de la semana que termina, del Consejero de Seguridad norteamericano, John Robert Bolton, quien con amplia experiencia diplomática, ya que fue embajador de su país en la Organización de Naciones Unidas, externó que, se debería de iniciar un proceso de desnuclearización modelo Libia, lo que verdaderamente es ofensivo, ya que al inicio del presente milenio, Muamar Muhamad Abu-minyar el Gadafi, quien gobernó durante 42 años su país, aceptó la desnuclearizarse y después no pudo defenderse del ataque que años después rebeldes financiados por occidente, lo derrocaron. Y no es que se desee que el dictador coreano siga en el poder, pero tampoco se puede ser tan rupestre, cuando se esta en el albor de una negociación tan importante.

 

Evidentemente, son semanas en las que la prudencia deberá reinar, en las que Corea del Norte cada ocasión que tenga oportunidad subirá las apuestas, de las concesiones que desea tener, por detener su programa nuclear, al que le ha apostado literalmente todo su capital político y económico.

 

 

Sigue leyendo a José Ortíz Adame