La Guerra Fría consistió en una serie de enfrentamientos entre la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y Estados Unidos desde 1950, en prácticamente todos los puntos de la geografía global, sin que hubiera un ataque directo entre ellos, utilizando en la inmensa mayoría de las veces, los ejércitos de sus aliados, que tenía la consiga de eliminar al enemigo utilizando cualquier método o artimaña, en donde los agentes secretos, espías y testaferros fueron punta de lanza que prácticamente se usó de manera cotidiana.

Muchos fuimos los que pensamos que a partir del 9 de noviembre de 1989, con la caída del Muro de Berlín, terminaba este enfrentamiento y con ello, ciertas prácticas de la época.

La semana pasada, la paz que se respiran los 45,000 habitantes de Salisbury, y la placidez que transmite su esplendorosa catedral gótica del siglo XIII, fue interrumpida, y elevó las tensiones al límite entre  Reino Unido y Rusia, debido al ataque que sufrieron, Sergei Viktorovich Skripal y su hija Yulia, en donde todo apunta a que las tácticas del envenenamiento siguen vigentes, haciéndonos recordar 1957, año en el que el escritor e independentista ucraniano Lev Rebet falleció en Múnich, Alemania, de un paro cardiaco provocado por ácido cianhídrico, que con una pistola fabricada por los servicios soviéticos secretos, le disparó Bohdan Mykolayovych Stashynsky, lo mismo que a Stepan Andriyovych Bandera, dos años después.

El Tósigo Perdura

El Tósigo Perdura

Las muertes políticas y militares por tósigo, no son nuevas, las teorías sobre este tipo de decesos permea a muchos personajes ilustres, como Alejandro Magno, de quien se sospecha que su copero le suministró una pócima que le entregaron sus enemigos, la misma versión existe para Nabolione du Buonaparte Ramolino, y en México Benito Pablo Juárez García, a quien se dice, le administraron la cicuta, en un ajuste de cuentas instrumentado por sus hermanos, al haber ordenado el fusilamiento de Ferdinand Maximilian Joseph María von Habsburg-Lothringen, a quien por el contrario debió haber protegido.

Si hacemos referencia únicamente los casos más relevantes los últimos 15 años, podemos rescatar el involucramiento de una docena de países, en donde Rusia y el Reino Unido, rivalizan constantemente.

Hace justo 13 meses en el aeropuerto de Kuala Lumpur, Malasia, fue atacado con lo que después se supo era VX, Kim Jong-nam, quien durante muchos años fue considerado el heredero de la dinastía comunista en Corea del Norte, si bien es cierto, había caído en desgracia, se convirtió en un crítico del régimen, además de que en Beijín, se le mencionaba, por si fuera necesario un cambio de liderazgo en la parte norte del cabo.

En 2012, Alexander Yurevich Perepilichny, quien se encontraba exiliado en Londres, después de haber huido de Rusia, por denunciar un fraude de más de 200 millones de euros, en el que estaban involucrados funcionarios cercanos a Vladimir Vladímirovich Putin, fue encontrado muerto en su casa y se le localizaron restos de gelsenium.

Otro ruso, Aleksandr Válterovich Litvinenko, murió en un hospital londinense en 2006, donde convaleció por envenenamiento de polonio, después de que el espía opositor a Putin, había obtenido el asilo y sus huéspedes se negaron a entregarlo a su país de origen. 2004 fue el año en el que salieron los demonios del averno, siendo más exitosos que Eurídice, en regresar de la oscuridad, fracasada por la desconfianza de Orfeo; uno de los casos más prominentes, fue el de Mohammed Yasir Abdel Rahman Abdel Raouf Arafat al-Qudwa al-Husseini, con quien se usó el mismo químico que con Litvinenko, muriendo en el Hospital militar de Percy, rodeado de circunstancias extrañas, y a pesar de la demanda de su viuda, la justicia francesa cerró el tema.

Si bien aún vive el rostro de Viktor Andríyovich Yúschenko, es la muestra palpable de la contaminación por dioxina, con la que fue atacado, cuando era candidato a presidir Ucrania, en un régimen que buscaba, como fue, alejarse de Rusia. Munir Said Thalib, líder indonesio pro derechos humanos y opositor al régimen, murió en Holanda, víctima del arsénico, que se le suministró en la comida del avión que lo trasladó, desde Singapur.

En días pasados, la ministra del interior británica Amber Augusta Rudd, informó que el ataque al coronel Skripal y su hija, con un gas nervioso, también afectó al guardia que los encontró en la banca del parque en la que convalecían después del atentado; este ex agente ruso había sido condenado en Moscú, por traicionar a cambio de 81,000 euros, la Glávnoe Razvédyvatelnoe Upraviénie (GRU), agencia militar rusa de espionaje, vendiendo un listado de sus compañeros, al Secret Intelligence Service británico (M16), en 2010 el entonces presidente ruso Dimitry Medvedev Anatolyevich, lo entregó en el más grande cambio de espías que ha habido, sin embargo, hoy se debate entre la vida y la muerte, en lo que todo parece indicar, es un ajuste de cuentas de sus excompañeros.

 

 

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