El próximo 7 de octubre, se llevará a cabo la primera vuelta electoral en Brasil, sino no hay un ganador con más del 50 por ciento de los votos emitidos ese día, será necesario se convoque a la población, para volver a ir a las urnas el domingo 28, para definir entre los dos que hubieran sido más votados tres semanas antes.

 

A diferencia de otras campañas electorales, la que da inicio, es catalogada de alto voltaje, ya que no solo se disputará en la cancha de los votos, sino que además tiene matices judiciales, y de gran tensión social, no olvidemos que el actual gobierno que preside Michel Miguel Elías Temer Lulia, surgió a partir del proceso de Impeachment, contra la entonces presidenta Dilma Vana da Silva Rousseff, en mayo de 2016, además de que el principal líder de oposición al actual gobierno, Luiz Inácio (Lula) da Silva, quien por mucho encabeza las encuestas electorales, desde el mes de abril se encuentra encarcelado.

 

Al momento hay registrados trece candidatos, sin embargo, seis son los que hoy tendrían una mayor preferencia de votos; el conservador religioso Jair Messias Bolsonaro, del Partido Progresista, actualmente en segundo lugar de las encuestas; en su tercer intento, María Osmarina Marina Silva Vaz de Lima, de la Red de Sustentabilidad; Ciro Ferreira Gomes, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, quien durante los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), entre 2003 y 2016, fue Ministro de Integración Nacional; el Partido de la Social Democracia Brasileña, postula a Geraldo José Rodrigues de Alckmin Filho, quien hasta hace unos meses fue gobernador del poderoso Estado de Sao Paulo, arrancando con mucha aceptación en las preferencias electorales, que ya se han desvanecido; Herique de Campos Meirelles, del Movimiento Democrático Brasileño, tiene en su currículo el haber sido el Presidente del Banco Central de Brasil durante el los gobiernos de Lula y los primero años de Dilma Rousseff, así como Ministro de Hacienda de Michel Temer, es considerado el heredero del poder actual; finalmente el candidato del PT, Lula da Silva, quien pese a estar prisionero por corrupción pasiva, y que purga una condena de 12 años, decidió sí postularse.

 

 

Es casi un hecho, que los jueces no permitirán la candidatura del expresidente, tienen plazo hasta el 17 de septiembre, para dar una resolución definitiva, cuando falten solo 20 días para la primera vuelta electoral, por lo que desde la cárcel Lula, hará campaña, y su compañero de fórmula Fernando Haddad, ex alcalde de Sao Paulo, se encargará por llamarlo de algún modo, de la contienda externa; todo indica que la apuesta va en ese sentido, que este último gane la presidencia con el impulso del líder de millones de brasileños, y después pague agilizando su salida de prisión, exonerándolo y volviendo su encarcelamiento como una venganza política.

 

Lo cierto es que la sentencia de Lula da Silva, deja mas dudas que certezas, el proceso judicial que se le inició, se da como consecuencia de una investigación, casi inocente sobre lavado de dinero, en servicios de limpieza de autos en estaciones de recarga de gasolina, el “affair lava jato”, fue tirando el hilo de la madeja, hasta que llegó a las oficinas principales de una de las empresas más grandes del mundo, Petrobras, y de ahí hasta el líder del PT, se generó mayor confusión, cuando su aliada Dilma Rousseff, en un intento por protegerlo con fuero, lo nombra Ministro de la Casa Civil, una especie de jefe de gabinete, que dejaba más un tufo de encubrimiento, que de asesoría política.

 

La tercera economía del continente, y segunda mayor democracia del mismo, con 150 millones de electores, pronto estará frente a las urnas, se espera que sirva para destrabar la parálisis política que tiene enquistado al país, con un presidente al que solo el seis por ciento aprueba su gestión, y al que la inmensa mayoría lo considera ilegitimo, además sus números económicos son pobres, la inflación ronda los cuatro puntos, el crecimiento el año pasado fue solo de uno, y la devaluación del real, va en siete por ciento, en los últimos dos años y medio.

 

La campaña que inicia formalmente, será de dos meses y días, en las que como apuntábamos, vendrán vientos complicados para la sociedad, porque estos procesos no solo polarizan lo que podríamos llamar, de forma natural a la población, cuando es convocada a elegir presidente; no se pondrá a prueba únicamente el proceso electoral brasileño, sino que además, el sistema político y judicial del país, sin duda es un examen muy complejo para los poco más de 30 años de la democracia nacional, la cual ya ha resistido un presidente electo muerto (Tancredo de Almeida Neves), y la corrupción ha dejado, dos destituidos (Fernando Affonso Collor de Mello, y Dilma Rousseff), y un encarcelado (Lula).

 

 

Sigue leyendo a José Ortíz Adame