Nadie nunca pensaría que la pérfida Albión, un día emprendería una huida tan desesperada y cobarde, porque aun perdiendo se puede conservar la dignidad, más cuando la prosapia y la flema es de abolengo y en demasía; dirían en mi pueblo, pa´ eso me gustabas.

Si bien es cierto el 23 de junio de 2016, después del referéndum de permanencia o no, del Reino Unido en la Unión Europea, muchos nos imaginamos las dificultades que vendrían en las negociaciones de salida de los británicos del organismo, sin embargo, había cierta esperanza de que como herederos del diplomático por excelencia Sir Harold George Nicolson, se lograría un acuerdo exitoso con la institución supranacional más poderoso del mundo, la verdad es que los puntos estaban muy lejanos, no solo desde la cuestión estrictamente técnica que implicaba la búsqueda del trato, sino los mensajes que el resultado mandaría al mundo, los anglosajones buscando mantener una posición de fuerza, y lograr todos los beneficios de la UE, a cambio de no cumplir ningún compromiso con Europa, pero la contraparte tenía muy claro que, de este acuerdo dependería el respeto en el resto de sus relaciones exteriores, es más, su fortaleza al interior mismo.

El primero de enero de 1973 y después de muchas negociaciones y gestiones diplomáticas realizados en prácticamente todos los niveles, Francia liberó el veto para que Gran Bretaña ingresara a la entonces Comunidad Económica Europea (CEE), concretándose así su incorporación. Cuarenta y tres años después, lo británicos en un segundo referendo decidieron abandonar la Unión Europea (UE), en 1975 ya se había convocado a una votación popular sobre la permanencia del país en la entonces CCE, en aquel tiempo el resultado fue abrumadoramente mayoritario por seguir, casi el 70 % de los votantes aceptaban estar en el organismo, en esta ocasión el resultado fue reñido, pero adverso para los europeístas, el 51.9% de los votantes contra el 48.1% votaron por la salida de la UE.

El resultado le costó el cargo al entonces Primer Ministro David William Donald Cameron, que convocó al referéndum, pensando que ganaría fácilmente, por lo que la derrota de la propuesta europea, lo llevó a dimitir a favor de Theresa Mary Brasier (May), quien desde julio de hace tres años tuvo como principal consigna, sacar a Albión del pacto, con el menor de los daños posibles para ellos, en un inicio se pensó sería una segunda dama de hierro, como en su momento lo fue Margaret Hilda Thatcher, sin embargo el calor de las negociaciones y sin duda las intrigas palaciegas de Westminster, la fueron fundiendo, los planes y propuestas que presentó para tener una salida más o menos ordenada de la Unión, fueron rechazadas, aun por sus propios compañeros de partido, llegándose a esbozar la posibilidad de repetir la convocatoria popular, para el BREXIT, lo que ella siempre rechazó, pero que le daba alternativas de negociación, con Bruselas y en su patio.

El último intento serio que hizo para ello fue el llamado Plan de Damas, en referencia a que se diseñó en su casa de campo, Chequers Court, el cual hacia énfasis en retomar el control de las leyes y el dinero británico, rescate de su soberanía en temas de inmigración, y buscar un acuerdo de regulación agrícola conjunta, aceptando una frontera blanda en Irlanda del Norte, y asegurar la movilidad de sus ciudadanos por el resto de Europa, en mencionado plan recibió una pésima acogida en el parlamento, al grado que de inmediato provocó la renuncia de cuatro ministros de la línea más dura y radical, para los que no era suficiente, era imaginable la derrota de la propuesta, pero no la contundencia, la que ha llegado a ser el varapalo más grande que un Primer Lord del Tesoro del Reino ha recibido, de un total de 650, 432 en contra y 202, una diferencia de 230 votos.

Después de ello fue un alma en pena en el número 10 de downing street, era la crónica de una muerte anunciada, tenía que dejar el cargo, y así fue, esta semana que termina, a Alexander Boris de Pfeffel Johnson, al igual que Donald John Trump, neoyorkino de Upper east side Manhattan, a 40 minutos del Queens barrio del presidente norteamericano, la Reina Isabel Alejandra María II, lo invitó a formar gobierno como Primer Ministro del Reino Unido, Ministro para el Servicio Civil y Primer Lord del Tesoro, su camino al máximo puesto político del Reino Unido, no fue fácil, tuvo que superar una sordera infantil, para dedicarse al periodismo, y bloguero como se autodefine, posteriormente llegó a las cortes en 2001, siete años después a la Alcaldía de Londres, y al Ministerio de Asuntos Exteriores con la ex primer ministra hasta 2018, que le renunció.

El grave problema para el país con la sexta economía mundial es que Johnson a veces algo le falla, algunos piensan que tiene la misma personalidad y capacidad mental de John Falstaff.

Sigue leyendo a José Ortíz Adame