El símbolo de la protesta es Gilet Jaune (chaleco amarillo), derivado de los que usaban los transportistas que fueron los primeros en oponerse a la aplicación que, a partir del primero de enero de 2019, se haría del impuesto en los combustibles, el cual tenía la finalidad de conseguir mayor presupuesto para la lucha contra la contaminación ambiental.

 

Dicho aumento lo había decretado el presidente de Francia Emmanuel Jean-Michel Frédéric Macron, teniendo el apoyo de la Asamblea Nacional Francesa, donde su partido La República en Marcha, cuenta con 313 diputados de 577, más la unión de 45 más que impulsaron la aprobación del mencionado arancel.

 

Lo anterior plantea una circunstancia por demás interesante, que podemos analizar en dos pistas;

 

En primer término, muchos somos los que pensamos que, los asuntos de protección al medio ambiente son inatacables, como de igual forma son, la protección y respeto irrestricto de los derechos humanos, o la amplitud a las libertades humanas, considero que todo lo que se haga en pro de elevar la mejoría y cuidado del medio ambiente, la búsqueda por tener mayor calidad en los procesos productivos, y lograr las menores afectaciones posibles al entorno natural, debe de ser apoyado por todos sin ambages, lo cierto es que este movimiento, nos dio rostro del no.

En segundo término, muchos somos los que pensamos que, el apoyo electoral es un elemento básico para la legitimidad en la toma de decisiones de los gobernantes, Emmanuel Macron, hace año y medio ganó la presidencia en segunda vuelta con el 66.1 por ciento de los votos, casi un dos a uno frente a su contendiente, lo que sin lugar a dudas es un amplísimo apoyo popular en dicha instancia, cuando lo normal son muy pocos votos de diferencia, además la propuesta tenía como dijimos anteriormente, del 60 por ciento de los representantes populares en la Asamblea Legislativa, lo que significa un vasto apoyo a la medida, lo cierto es que este movimiento, nos dio el rostro del no

 

Ni una, ni la otra circunstancia fueron suficientes, las demandas de los Gilet Jaune, van en aumento y a pesar de que las medidas impositivas a los combustibles ya fueron retiradas por el gobierno, los convocatorias masivas han elevado las apuestas y rebasado el origen de las mismas, las nuevas manifestaciones de los galos van por el aumento en los salarios mínimos, disolución de la Asamblea Nacional, nuevas elecciones legislativas y la renuncia del presidente, quien tiene el estigma, de ser el presidente de los ricos desde que abolió el impuesto sobre las fortunas, el cual de paso también se pide su reposición.

 

Lo cierto es que, desde hace algunos muchos años, los asuntos políticos van a la zaga de las búsquedas sociales, por más consenso o aparentemente buenos propósitos de las acciones de la administración pública, ya no es suficiente, la verdad es que la muchedumbre rebasa con mucho el concepto amorfo de lo que desde los liderazgos gubernamentales se llama mañosamente “pueblo”, algunos se quedaron estacionados hace al menos 50 años, en lo personal, me recuerdan las lecturas sobre las arengas de la Revolución Rusa de 1917, hace tiempo ya, que la gente ha salido a la calle con movilizaciones transversales y horizontales, de personas no del “pueblo”, que no buscan poder político, que desean se solucionen sus demandas a la brevedad, como en la Argentina del 2002, demandando “que se vayan todos”, o España del 2011, exigiendo “democracia real ya”, la más radical e inocente de ellas, sin duda fue la Primavera Árabe del 2010, esperando casi candorosamente un cambio radical en la cultura de vida, que impactaba el poder público y la religión.

 

Hoy vemos que Francia se convulsiona como desde 1968 no lo hacía, en donde el origen de las demandas habría que buscarlo no el 17 de noviembre pasado, sino en la caída de los niveles de bienestar social que reporto el gobierno de Nicolas Paul Stéphane Sarközy y la debacle en el gobierno de François Gerard Georges Hollande; ¿será como hace dos siglos, que las multitudes francesas pongan el ejemplo de los nuevos paradigmas en la relación de los poderes políticos, con la sociedad a la que dicen representar?, o atestiguaremos una reedición del gatopardismo, que describe la conservación del poder en la Italia de finales del siglo XIX y principios de XX, por Giuseppe Tomasi di Lampedusa.

 

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