Mvezo es una aldea, que hoy en día tiene menos de mil habitantes, con una extensión territorial de 2.13 kilómetros cuadrados, lo que la hace un centro poblacional muy pequeño, actualmente pertenece a la provincia de Cabo del Este, a menos de dos horas en automóvil, del Océano Índico. Ahí el 18 de julio de 1918, nació Nelson Rolihlahla Mandela, miembro de la etnia xhosa, predominante en esa región de la entonces Unión Sudafricana; su madre Nosekeni Noqaphi Fanni, descendía de la casa real de Tembulandía, a la que no podía heredar, pero si ser parte de ella, por lo que, en los primeros años de su unigénito, intentó fuera admitido en ella, su padre Gadla Henry Mphakanyiswa, un jefe tribal, lo proveyó de otros 12 hermanos.

 

Si bien los primeros en llegar al Cabo de Buena Esperanza, al oeste del cono sur africano, fueron los portugueses, los holandeses se establecieron en la zona a mediados del siglo XVII, quienes desde el principio no tuvieron buena relación con los pueblos aborígenes, pese a ello, fueron estableciendo colonias y fortaleciendo su presencia hasta consolidarse, hasta ser conocidos como afrikáner, conformaron su propia idiosincrasia, y lenguaje el afrikáans, hoy considerado un idioma germánico, al ser una mezcla del flamenco, inglés, portugués, malayo, y de lenguas zulúes, al día de hoy se habla en Sudáfrica, Namibia, Lesoto y Botsuana; en dicho lenguaje surgió el vocablo Apartheid o separación.

 

El apartheid consiste en la separación de todos los conceptos de vida, entre la población racialmente blanca y la negra, hubo lugares distintos para estudiar, habitar, hacer deportes, para el matrimonio, en general para vivir, obviamente el sustento se daba a través de la exclusividad de los blancos a votar, para mantener según ellos la supremacía de la raza. Si bien es cierto, desde que se estableció la colonización británica, en el territorio de Sudáfrica a partir de 1814, hubo intentos por erradicar la dicha práctica, la verdad de las cosas es que fueron tímidos y nunca la Gran Bretaña fue lo suficientemente contundente para impedirlo, había razones de oro, pero especialmente de diamantes para no hacerlo.

 

Madiba, estudió en las universidades de Fort Hare y Witwatersrand, graduándose como abogado en 1942, inmediatamente después se integró a la organización del Congreso Nacional Africano, que luchaba por los derechos de las mayorías negras del país, si bien durante mucho tiempo privilegió la lucha pacífica, al no fructificar optó por la integración del grupo guerrillero Umkhonto We Sizwe (la lanza de la nación) en 1961, que le valió ser encarcelado y condenado a prisión de por vida, en ella sufrió diversos atentados contra su integridad que lo popularizaron aún más, no solo al interior, sino que en el ámbito mundial, por lo que ante el cada vez mayor desprestigio global de la nación por la política de segregación racial, y la presión que ejerció la comunidad internacional, especialmente Francia, El Vaticano, Reino Unido y Estados Unidos, provocó que la fuera liberado en 1990.

En cuanto pisó la calle, lo hizo para entablar negociaciones con el entonces presidente estatal del país, Frederik Willem de Klerk, un gobernante moderado, platicas que permitieron, el que se llevaran a cabo elecciones libres, universales y multirraciales, lo cual a ambos, les valió el premio Nobel de la Paz en 1993 y los sufragios llevaron al líder negro con un 63 por ciento, a la presidencia de su país al año siguiente.

 

A decir verdad, durante los cinco años que gobernó Nelson Mandela, no cumplió ni con mucho, la alta expectativa que generó entre la población, los que pensaron que sería un ungüento mágico que terminaría con la pobreza y la discriminación racial, que sufría la población mayoritaria, lejos quedaron de la realidad, pero también habría que decir, que la apertura democrática del país, y fundamentalmente hacerlo, sin que se generalizara la violencia del rencor por los atropellos sufridos durante décadas, y la venganza que muchos esperaban, fue un logro básico que dio las bases a los siguiente gobiernos.

 

Hoy a un siglo de su nacimiento, y a casi cinco años de su deceso, podemos decir que Madiba, retirado de la vida pública desde el 2000, solo aceptando ser consultado ocasionalmente y cuando opinaba, era a petición de parte, en lo general más enfocado a temas de índole global, siempre sobrepuso los preceptos de Libertad, Igualdad y Fraternidad, que durante sus 95 años abrazó, y por los que luchó, sin descanso permanecieran impolutos durante los siglos por venir. Honor a uno de los hombres que sin duda transformaron para bien el mundo.

 

 

Sigue leyendo a José Ortíz Adame