A pesar de que pataleó, gritó, empujó, mordió, aplazó para ir al baño, y finalmente inventó que se le subió la presión arterial, hasta límites que pusieron en peligro su vida, con un desalojo de por medio y expulsión de la sala, el ex general serbio Ratko Mladic “el carnicero” de los Balcanes, fue condenado a cadena perpetua, por el juez holandés Alphonsus Martinus Maria Orie, presidente para este caso, del Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia, con relación a la Guerra, de los años noventa del siglo pasado.

 

Justo dentro de un año el 1° de diciembre, se conmemorará el centenario de la formación de Yugoslavia (Tierra de los Eslavos del Sur), la cual fue resultado de la conjunción de diversos factores, como el progresivo debilitamiento de los imperios Austro-Húngaro y Otomano, así como del fin de la Primera Guerra Mundial, encendida en la zona, que permitieron el surgimiento del sentimiento paneslavo, que integraba los territorios de Montenegro y Serbia, como producto de la diáspora turca, Croacia, Eslovenia y Voivodina del imperio Habsburgo, conformando un reino bajo la férula de la dinastía Karadordevic, para dirigir los destinos del naciente país, Alejandro I, fue proclamado Rey.

 

La conjunción de las diferentes nacionalidades, culturas y religiones, hicieron un transitar difícil, que fue haciendo complicada la labor de un Rey inhábil, quien visitando Marsella en 1934, fue asesinado por un fanático búlgaro, siendo heredero al trono Pedro II, pero al tener solo 12 años, el Príncipe Pablo ejerció el gobierno hasta inicios del año 1941, cuando su política pro germana, influyó para un golpe de estado en su contra, los rebeldes entregaron el poder a Pedro, lo que fue visto como una ofensa por Adolfo Hitler Pölzl, además el territorio yugoslavo era una zona estratégica para el ataque que ya decidido sobre la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), por lo cual fue invadido en abril.

 

Solo para poner en contexto las múltiples facetas del país, podremos decir que al conformarse aglutinó, seis nacionalidades, croatas, eslovenos, macedonios, montenegrinos, serbios y turcos, sin olvidar la gran cantidad de albaneses, húngaros y valacos, que están asentados en dichos territorios; seis países; Bosnia-Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Serbia, este último cuenta con dos provincias autónomas, Kosovo y Voivodina, la primera, actualmente con independencia declarada y reconocida por Alemania, además de ser el de mayor población, casi la mitad de los veintidós millones, de habitantes; tres religiones, católicos, musulmanes y ortodoxos; igual número de idiomas, bosnio, croata y serbio;  dos alfabetos, cirílico y latino; el único que logró unificar este embrollo, fue el croata Josip Broz “Tito”, héroe que peleó y los liberó de la mencionada invasión nazi, lo anterior ayuda a contextualizar, el caleidoscopio resultante, que ante el mínimo movimiento, ya nada es igual.

Tito: el héroe de la Europa del Este

A pesar de ser el principal constructor de la Republica Socialista de Yugoslavia, Tito se enfrentó al intento de hegemonía que Iósif Vissariónovich Dzhugashvili (Stalin), quiso imponerle, mostrando dignidad y fortaleza ante el embate soviético, lo cual lo llevó a conformar el Movimiento de los Países No Alineados, junto con otros grandes del mundo, Bharat Ratna Srí Pandit Jawáharlál Nehru, de la India; Gamal Abdel Nasser, de Egipto; y Ahmed Sukarno, de Indonesia; la inmensa popularidad interna y mundial que ganó, le permitió negociar apoyos dentro del programa norteamericano Plan Marshall, y a la muerte de Stalin, recomponer la relación con la URSS, que lo hizo acceder a beneficios para su país de ambos bandos, hasta su muerte en mayo de 1980.

 

Era imposible, que su sucesor, quien fuera que fue, mantuviera unido el país, nadie tenía los tamaños, el carácter, y el carisma que Tito logro entre sus conciudadanos, la crisis económica que asoló el país en la década de los ochenta, las tensiones in crescendo entre las diversas nacionalidades, redimensionado con la obtención de los nacionalistas serbios del poder, así como la disolución del bloque socialista, hicieron que el cauce se saliera de madre, por lo que Croacia y Eslovenia, declararon su independencia en 1991, a las que siguieron Bosnia-Herzegovina y Macedonia, sumado a ello, que los kosovares retomaron su movilización de independencia, ante ello Serbia reaccionó con violencia desproporcionada, para mantener el control de los territorios.

 

Surgió un conflicto con matices, económicos, políticos, culturales, étnicos y religiosos, que puso básicamente a serbios, contra albaneses, bosnios, y croatas, también en un principio a croatas contra bosnios; Franjo Tudjman líder croata y Slobodan Milosevic el serbio, ordenaron masacres que fueron absolutamente imbéciles e inauditas, fuera de cualquier racionalidad, aún dentro de la irracionalidad de la guerra. Lo peor, fue la estulticia y la decidía con el que la comunidad internacional, especialmente la europea, permitieron que esta lucha durara casi 10 años en el centro del continente, donde además la Organización del Tratado del Atlántico Norte exacerbó, y concluyó con una tardía ocupación de la Organización de Naciones Unidas, que nos lleva a contabilizar más de 150 mil muertos y más de 4 millones de desplazados.

 

La semana que termina, se da una migaja a la justicia, al sentenciar al general serbio, que comandó carnicerías completas y lo pone tras las rejas a perpetuidad.

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