En sentido estricto las elecciones intermedias que se llevaron a cabo la semana que termina en Estados Unidos, no son un Referéndum sobre la gestión que desde hace casi dos años viene ejerciendo Donald John Trump como gobernante del país, sin embargo, sí evalúan la percepción que a la mitad del camino el ciudadano tiene de su presidente, más que él mismo así lo perfiló.

 

Las votaciones llevadas a cabo fueron para elegir 36 de 50 gobernadores, 33 de 100 senadores, y los 435 representantes (diputados), no se sometió a la voluntad popular, la aprobación de leyes o de acciones gubernamentales, que sería un referéndum, pero ayudó entre otras cosas, a conocer el alto grado de polarización a la que esta llegando la población estadounidense.

 

Está división ha provocado que sea más evidente el resultado del proceso electoral, en la Cámara de Representantes los Demócratas ganaron 225 escaños, los Republicanos se quedaron con 197, y hay 13 distritos por definir; en el Senado los resultados fueron 51 para los del partido del presidente, 46 para los opositores y aún 3 por definir, en el caso de los gobernadores que también se eligieron, de un total de 50, los conservadores tienen 33, por 16 de los oponentes, existe desde 2014 un independiente en Alaska y sin lugar a dudas, el gobernador de Florida aliado absoluto de Donald Trump, fue quien al triunfar más ámpula causa.

 

REFERENDO A TRUMP

REFERENDO A TRUMP

No es la primera vez que un gobernante de Estados Unidos pierde la elección intermedia, de hecho, los tres anteriores presidentes norteamericanos sufrieron las mismas derrotas en elecciones intermedias, William Jefferson Clinton, George Walker Bush y Barack Hussein Obama, pese a ello, el primero y el tercero, lograron reelegirse, que al día de hoy es el objetivo del actual presidente y para ello, ya empezó a reconfigurar su estrategia y equipo, la primera víctima fue el Fiscal General Jefferson Beauregard Sessions III, quien fue sustituido por Matthew George Whitaker, para quien es inminente la defensa de la trama rusa que asecha al gobernante, y que tanto les ha costado.

 

Todos los escenarios que se vislumbran son de rispidez con el Congreso, en especial con la Cámara Baja, pero sin lugar a dudas, es el mejor esquema para un fajador como el mandatario yankee que disfruta pelear. Si se tuviera que hacer un pronostico al 2020, creo que el presidente tiene muchas posibilidades de reelegirse como en su momento lo hicieron sus predecesores mencionados, tiene todas las condicionantes para hacerlo.

 

Evidentemente en dos años pasan muchas cosas que mueven a los votantes, faltando semanas o días para una elección se pueden esfumar ventajas, como en la España del 2004, cuando a tres días de ir a las urnas, la crisis provocada por los atentados en el transporte de cercanías en Madrid el 11 de marzo, provocó que José Luis Rodríguez Zapatero, que hasta ese momento venía a la zaga, se alzara con la victoria, por ello es que no hay certeza de que pasará, pero se puede inferir que, con los sucesos actuales Donald Trump sale de primero.

 

De entrada nadie, ningún político en su país, tiene cobertura informativa en el porcentaje que él la va a tener, desde hace más de un año adelantó que buscará la reelección, lo que lo hace sujeto a poder ya recibir donaciones económicas, un hándicap invaluable; el que los demócratas le impidan algunos caprichos presupuestarios, podrían ser capitalizados de culpar a ese grupo parlamentario de sus fracasos; por un margen mínimo, pero suficiente la Cámara Alta juega a su favor; en una carrera electoral el peso político de los gobernadores es fundamental y los republicanos son más del doble que los demócratas, que si bien cuentan con California y Nueva York de su lado.

 

El determinante factor económico hasta la fecha juega del lado del presidente, para los siguientes años, se avizoran crecimientos cercanos o superiores al 2.5 por ciento, cuando el mandatario anterior tuvo promedios del 1.5; la inflación este año, apenas rebasara los dos puntos porcentuales; el desempleo es el más bajo de los últimos años; las clases económicamente altas, están felices por las reducciones impositivas del año pasado; en una encuesta reciente, la inmensa mayoría no aprueba la política exterior, pero sí respalda su directriz económica y eso, en cualquier país, pero en Estado Unidos pesa más que en ninguno.

 

De todo ello, sin duda alguna, lo más difícil para la parcialidad demócrata, es que no cuentan con liderazgos solidos de envergadura nacional, en las recientes elecciones tuvieron que echar mano del expresidente Barack Obama para ganar adeptos indecisos, sería terrible y decadente, que en dos años reciclen a Hillary Diane Rodham.

 

Sigue leyendo a José Ortíz Adame