Todo parece indicar que ahora sí, se renovará el Tratado Trilateral de Libre Comercio que desde hace dos décadas y media se ha mantenido entre Canadá, Estados Unidos y México. Si bien es cierto, todo supondría que era un tema que se cerró el 30 de noviembre de 2018 en Buenos Aires, Argentina, cuando en su último acto de gobierno Enrique Peña Nieto que asistía a la cumbre del G20, se sentó en la mesa con Donald John Trump, y Justin Pierre James Trudeau, y ante las cámaras de todo el mundo firmaron lo que en su momento se decía, era un buen acuerdo para todos.

De hecho, habría que decir que para México era un asunto legislativamente cerrado, ya que en un acto de precipitación absoluta en una sesión que duró solo 17 minutos, el 19 de junio pasado, se aprobó el convenio comercial sin esperar el visto bueno de los socios, cuando Canadá había anunciado, y hoy confirma lo volverá a hacer, no ratificará el tratado hasta que Estados Unidos lo haga,

así sucedió hace 26 años, primero los norteamericanos, y posteriormente pasó al senado azteca, actualmente la desesperación fue nuestro error.

Nuevamente los demócratas son los que han puesto los mayores obstáculos en contra del nuevo convenio, en aquel lejano 1993, William Jefferson Clinton durante su campaña electoral advirtió que no lo ratificaría, solo fue la crisis económica que envolvió a los del sur, lo que provocó que sus asesores le recomendaran hacerlo, lo mismo su esposa Hillary Diane Rodham Clinton, durante su candidatura de 2016, ya había prometido enviarlo a revisión, y hoy ese mismo partido político en voz de su lideresa en la Cámara de Representantes Nancy Patricia D’Alesandro Pelosi, lo tenía estancado y sin posibilidad de ratificarlo, hasta al menos pasada la elección presidencial de noviembre de 2020, o que se cumplieran alguno caprichos que satisficieran a los que considera serán sus próximos votantes.

¿Cuáles fueron estas modificaciones que se hicieron de manera inesperada y urgente?

Básicamente tres, primero, México acepta que en un plazo de 10 y 7 años modificará, en la elaboración de los automóviles el porcentaje de aluminio y el acero respectivamente, para evitar que sean en gran parte, como hasta ahora sucedía, chinos, a cambio Estados Unidos acordó la disminución del apartado de exclusividad de 10 años en la producción de biomedicina, por la mitad del tiempo, lo que permitirá que los laboratorios de genéricos entren más rápido al mercado, y con ello, los medicamentos bajen sustancialmente de precio al público.

Segundo, los estadounidenses amplían su cuota de aceptación de vehículos procedentes de México hasta un 2,6 millones de coches por año, sin arancel, en contraparte, se incrementa la regla de origen de los implementos de cada unidad, al pasar de 62.5 por ciento, hasta llegar al 75 por ciento, además el 40 por ciento de estos automóviles, deberán de producirse en armadoras que paguen un salario mínimo equivalente a 16 dólares la hora, para evitar que las empresas se relocalicen para aprovechar el bajo costo del salario mexicano.

Tercero, reglas laborales, en este tema el negociador mexicano Jesús Seade Kuri, tenía tantas dudas, que aún en el evento de firma en Palacio Nacional, volteó y le pregunto a la Secretaria del Trabajo y Previsión Social, Luisa María Alcalde Luján, delante de todos, incluido su jefe el Presidente Andrés Manuel López Obrador, si estaba lista, y es que en gran parte está renegociación se debe a la falta de experiencia e inhabilidad de la joven funcionaria, quien no pudo instrumentar los cambios en la legislación, que debieron haberse hecho hace meses. Básicamente se acordó que México sería más estricto en la aplicación de las leyes que protegen al trabajador y la búsqueda de aumentos salariales, especialmente en la industria de automotores, la regulación del outsurcing y la independencia sindical, todo ello, regulado por paneles de expertos independientes.

Unas preguntas y reflexión final, la firma del adendum fue el 10 de diciembre, 24 horas después se valoró en el Senado mexicano, en donde en solo 8 horas, fue revisado por las comisiones de Relaciones Exteriores, Economía, Trabajo y Previsión Social, y Puntos Constitucionales, el 12 de diciembre se aprobó en una “discusión” de solo 2:15 horas, con una votación de 107 a favor y 1 en contra, a ver, es el trato comercial más importante de México, es el convenio más trascendente de nuestro país en los últimos 25 años, ¿no valdría la pena más reflexión y análisis?, ¿cuál es la prisa?, ¿por qué no dejar que se apruebe primero en Estados Unidos y Canadá?; la única respuesta valida que se me ocurre, es la necesidad urgente de mandar un mensaje a los inversores internacionales, en una economía en recesión, en donde no hay proyectos de envergadura reales, hace que la bocanada de aire que se necesita, nos precipita a actuar a la desesperada.

 

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