En días recientes se concretó la reelección de Nicolás Maduro Moros, como presidente de la República Bolivariana de Venezuela, esta fue una elección que debió llevarse a cabo a finales de año, para que, como históricamente se hace en aquel país, la toma de protesta del nuevo jefe de gobierno, fuera el 10 de enero de 2019, sin embargo, las presiones políticas y económicas, desde el exterior, pero de forma especial al interior de la nación que desgobierna, provocaron que las adelantara más de seis meses.

 

Al conocerse la convocatoria electoral, los partidos de oposición, que aún tienen dirigentes en libertad, decidieron no participar, porque evidentemente estaba amañada, baste decir que los tiempos de televisión, le otorgaban al mandatario, diez veces más presencia que a cualquiera de sus opositores, con esta inequidad, la diferencia en la votación fue manifiesta, si observamos los sufragios con los que Maduro gana, definitivamente son arrolladores; la alianza de más de 10 partidos que lo postuló, Frente Amplio de la Patria, obtuvo el 67.79% de los votos; su más cercano contrincante, el exmilitar Henri José Falcón Fuentes, de Avanzada Progresista, obtuvo el 21.30%; y el ex pastor evangélico Javier Alejandro Berlucci Carrero, de Esperanza por el Cambio, con el 10.79% de los sufragios; pero si nos acercamos al padrón electoral, nos da el panorama real de lo sucedido, ya que, de 20 millones de  inscritos, solo ejerció su derecho al voto, entre el 33 y el 46 por ciento de los empadronados, dependiendo de la fuente, lo que significa en el mejor de los casos, solo lo refrendó el 30% de los ciudadanos venezolanos.

 

Lo anterior le generó desavenencias en el continente americano, condenaron la elección; Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía, los apoyos vinieron de Antigua y Barbuda, Cuba, Bolivia, El Salvador, y Nicaragua, fuera del continente, la Unión Europea lamento la calidad de las elecciones, China y Rusia, las aceptaron.

 

La situación en Venezuela no viene mal de ahora, las cosas no han estado bien en el país, desde los últimos años del gobierno de Hugo Rafael Chávez Frías, quien llegó a vender el petróleo hasta en 150 dólares el barril, lo que le permitió logros significativos en los ramos de salud, educación, y vivienda en los barrios más pobres del país, además de bajar de forma importante el desempleo, todo ello, con reconocimiento de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura; la caída en los precios internacionales del petróleo, y la imposibilidad que esto le daba, de seguir comprando adeptos, locales, como internacionales, comenzaron con el deterioro de la economía del país, la situación empeoró con el relevo de Maduro Moros, a quien le falta el carisma y la elocuencia del caudillo, pero sobre todo su habilidad política.

Paradójicamente, la debacle para el actual presidente inició, cuando ganó la elección a la muerte de Hugo Chávez en 2013, la cual fue seriamente cuestionada, porque la diferencia que tuvo con su opositor Henrique Capriles Radonski, fue tan solo de 1.49% de los votos, su estulticia, lo hizo encarcelar a los opositores, con saña especial a Leopoldo Eduardo López Mendoza, por si algo faltara, en las elecciones legislativas, el oficialismo solo logró 55 diputados de los 167 posibles, la que lo enfrentó y a su decir, se ganó a pulso su disolución.

 

La semana que termina, Nicolás Maduro se presentó en la Asamblea Nacional, la cual le es a fin, ya que como decíamos, la democrática fue disuelta y se eligió una Constituyente a modo, que le permite “trabajar” sin confrontarlo, respondiendo a sus necesidades y conveniencias; en ella prometió trabajar y dar mejores resultados, los cuales reconoció, no han sido positivos, además llamó a un dialogo a la oposición, sin aclarar, si él ira a las cárceles en donde los tiene encerrados, o los visitará en el exilio; no terminaba de poner un píe fuera del Congreso, cuando ordenó, la detención de 38 militares por conspiración.

 

La confrontación con los sectores productivos sigue, hace un par de meses, la empresa Kellogg’s después de varios años, solo produciendo zucaritas y corn flakes, decidió cerrar la fábrica, a lo que Maduro respondió allanándola. Parece increíble que uno de los países más ricos del mundo, que cuenta con las mayores reservas petroleras probadas, este al borde del colapso, Venezuela tiene 298,350 miles de millones de barriles de petróleo confirmados, el segundo puesto es de Arabia Saudita con 267,501, el tercero de Canadá con 178,100, el cuarto de Irak con 177,500 y el quinto Irán con 137,692. Solo la inflación para este año se calcula en 13,864% que, aceptando sin conceder, sea un numero trucado por el perverso Fondo Monetario Internacional, y que hipotéticamente, solo sea del 10% de lo estimado, aun así, es un aumento brutal, no visto en américa latina.

 

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