Siempre he considerado que los caudillismos, las dictaduras, el liderazgo mesiánico e iluminado, y toda retención del poder más allá de los términos previamente establecidos, bajo cualquier circunstancia, pretexto o petición, son la peor muestra de la perversión humana, ya que parten del supuesto que los demás somos idiotas, y ellos creen ser los únicos con la verdad verdadera que nos guiará al bien y a los beneficios anhelados, por ello es que, todos los procesos electorales, todas las convocatorias para renovar los poderes de las organizaciones, del club, del barrio o un país, me parecen muy importantes, y son celebraciones en las que se sublima la democracia, que dan oportunidad de renovar no solo los poderes establecidos, sino llevar nuevas ideas a la palestra; hoy España tiene una convocatoria a elecciones generales, que no sé si me dan temor, pavor o terror.

 

Durante muchos años en el ámbito nacional, España convivió en un esquema bipartidista casi perfecto, el Partido Popular de forma simplista y coloquialmente hablando de derecha, y el Partido Socialista Obrero Español en ese mismo tenor digamos de izquierda, entre los dos se administraron el poder de manera alternada durante más de treinta años, hay que decir y no podemos dejar de lado una serie de agrupaciones ciertamente nacionalmente marginales como Izquierda Unida, y un sinnúmero de entidades locales o regionales, como los que representaban a los vascos o gallegos.

 

Lo anterior se mantuvo hasta que estalló la crisis económica de hace diez años, que vino a reestructurar todos los ámbitos de la sociedad española entre ellos el sistema de partidos políticos, especialmente con la conformación de Podemos y de Ciudadanos, como jugadores importantes en el espectro electoral, si bien lo anterior enriqueció espectacularmente la democracia, la negociación política se ha entorpecido de una forma inimaginable hasta hace poco.

 

En los sistemas parlamentarios como es el español, los electores votan por los diputados de su preferencia, quienes representan a los diversos partidos políticos, los elegidos al ocupar su escaño, tienen que apoyar al congresista que decidan impulsar para presidente, ya que para formar gobierno tiene que contar con la mitad más uno de los 350 que integran el Congreso, esta mayoría, se debe de mantener todo el tiempo de la legislatura, de no ser así, se pierde el poder y el diputado que ahora congregue a su favor a esa mayoría, es el nuevo jefe del gobierno. En las elecciones de diciembre de 2015, no hubo manera de hacer el consenso necesario para lograr la conformación de un gobierno y durante casi seis meses Mariano Rajoy Brey se mantuvo como encargado de gobierno sin poder hacer o tomar decisiones fundamentales para la sociedad, por lo que el Rey Felipe VI, se vio en la necesidad de convocar a nueva elecciones, la cuales se llevaron a cabo en junio del siguiente año, con una sociedad hastiada y que arrojó más o menos los mismos resultados que en la primera elección, sin embargo pese al desgaste de los actores políticos se pudo conformar gobierno.

 

No había terminado de consolidarse la última etapa de gobierno de Rajoy Brey, cuando le estalló el escándalo del caso Gürtel, que consistía en una serie de financiamientos ilegales a su partido, en donde todo indica, sin comprobar, que tenía conocimiento y fue “beneficiado”, de cuantas en negro, lo que terminó con el gobierno popular, y esto le permitió a su oponente del PSOE Pedro Sánchez Pérez-Castejón ir por una moción de censura y en coordinación con algunos partidos regionales, especialmente los catalanes hacerse del poder.

 

ZOZOBRA ELECTORAL, ESPAÑA

ZOZOBRA ELECTORAL, ESPAÑA

Lo anterior si bien fue un gobierno legal, lo cierto es que nunca ha sido legítimo, lo cual le quita fuerza política de negociación, pero especialmente no tiene apoyos sociales sólidos, es visto sin serlo, como un usurpador, que se entrampó ante la presión de sus aliados políticos a los que no ha podido ni podrá cumplir las promesas primeras, pero tampoco logró los acuerdos básicos para el presupuesto del país, lo que lo lleva en apostar hacia arriba y convocar a elecciones para el domingo 28 de abril.

 

La idea de Sánchez Pérez-Castejón, es ganar y consolidar su gobierno entonces sí con bases sociales y políticas que le permitan ejercer un gobierno firme y de largo aliento, lo cual no se ve por ningún lado, todas las encuestas aún las más favorables para él no le dan ni con mucho los 176 diputados que requiere para hacer gobierno, en el mejor de los casos tendría que negociar con al menos tres partidos más, lo cual todo parece indicar que España se volverá a entrampar.

 

Sin lugar a dudas, hoy el país ibérico requiere altura de miras de personas como Adolfo Suárez González, hoy no cuenta con esos gigantes como el que perdió el 23 de marzo de 2014.