Una vez hubo un Hombre pequeño; muy pequeño… de alma mínima; con algo de talento, sagaz, inteligente: pero con el defecto de ser pequeño. Se dio cuenta desde muy temprano cómo funcionaba este mundo que alguien una vez condenó… y se aprovechó de ello… era un «mala conducta» moralista junto con sus compañeros…

El Hombre pequeño se convirtió en una seductora y hermosa enredadera florida que a manera de tarántula se movía hacia arriba sigilosa y calladamente. No fuera a ser que se dieran cuenta…

El Hombre pequeño comenzó a crecer y se convirtió, poco a poco, en un vegetal llamado roble… y quiso tocar la Luna con sus manos… Se dijo a sí mismo: Ahora soy grande y fuerte, estoy entre los grandes… entre los más grandes: Soy el más grande… Soy el único… el Vencedor… he luchado largos años para ello… y nadie me va a quitar mis logros y victorias…

Y el Hombre pequeño no tenía buenas intenciones, rechazó a Dios desde siempre; y consecuentemente pensó que podía engañarlo (ya que su verdadera naturaleza: la brutalidad, le hacía pensar que era dueño de su vida y destino) y cuando tocó la Luna se convirtió en un espejo que estalló en mil pedazos…

Cuando se vio a sí mismo: se dio cuenta de sí mismo: Se dio cuenta de lo que era a los ojos de los terceros, a los ojos de Dios. Y de que era el perfecto heredero de recibir todos los males del mundo, sin añadidura de ningún bien… Eso era lo que él era… y nada más…

Se oyeron aplausos, la gente lo adoraba, aunque solo era un espejo roto que lloraba inútiles lágrimas frías y muertas, vacío de sentimientos, sin arrepentimiento… le besaban los pies: pero ya esto no tenía sentido para el Hombre pequeño… Sentía que estas alabanzas a su persona solo eran burlas sarcásticas y más sarcásticas que lo acercaban cada vez más a la condenación definitiva y al terror infinito…

Entonces la Luna oscureció avergonzada… porque el Sol se arrepintió de alumbrarla… al sentir ambos la putrefacción… ¿Quedará alguna oportunidad para que el Hombre pequeño sea feliz? Quién lo podría saber…

Las vaginas y senos corruptos también están llenos de maldición… Y el Hombre pequeño se ahogó en sus propias Lágrimas frías y muertas… nadie supo qué le pasó… desapareció… no quedó ni rastro ni recuerdo de él… nadie sabe quién fue… desafió a Dios… al querer tocar la Luna y se clavó en la cara sus propios espejos rotos… mientras se decía a sí mismo: «Nosotros no saborearemos la Muerte…»

 

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