Ella se fue haciendo a sí misma… como roca en fundición se formó una hojarasca de peñascos tormentosos que culminó en olvido de sí… Comenzó a encarnarse y formarse en “ella” otra “ella”; y así llegó el momento en que no había retorno posible para el final: para llegar al final. Un final que no termina, donde los Abismos se quiebran como paradigmas inútiles… como rascacielos altísimos que no tienen elevador… que torturan a sus habitantes.

¡Aves vuelan… aves vuelan…!  sin sentir el efecto en su psiquis: pinceladas verdes, rojas y azules en armonía; lienzos trashúmanos que se queman con la lluvia… hasta volar más allá del sol: en ceniza bendita que se esparce en las flores contempladas en la realidad no virtual: en la vida real… con retinas y ojos reales… donde se puede tocar y oler…

Y las ideas van y vienen; los recuerdos de todo tipo también. Y ella impertérrita perfecta, lleva a su niña todos los días a estudiar los misterios de los templos “azules y amarillos” donde están los registros invisibles, que amanecen con la aparición del lenguaje en alguna pretérita masa gris originaria… de donde provenimos “los pensantes”: acumulando razonamientos y lo más importante: sentimientos hermosos… que no pasarán…

 

Nunca me habían contado algo así…

 

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