No tardó en darse cuenta la Señorita Metódica, prototipo de la mujer ejecutiva, que tenía que ser completamente autónoma en su Vida, como se lo enseñaron expresamente sus padres… como tanta gente lo es, la mayoría de la gente: sobreviviendo.

Debe luchar por su lugar en la Gran Ciudad: “Oh Gran Ciudad…  Eres mala y mentirosa…”  le enseñó un amigo…  y esta idea se quedó en su mente: Pero detrás de esa fría profesional, se esconde un corazón que gime y que sufre… por un estilo de vida diferente…

 

La Srta. Metódica tuvo muchas oportunidades de conquistar la Gran Ciudad… era dueña de la sapiencia en muchas áreas; y la ciudad la perseguía… y ella huía.  Esta era la dinámica de su vida… veía los grandes rascacielos, y sus historias urbanas, pero no quedaba prendada de ellas…

 

También se dio cuenta de que en otros lugares había perversidad de impresionante sutileza… y ella lloraba porque no encontraba un lugar inocente… lleno de luz… ¿Y qué sintió la Srta. Metódica ante esta realidad…? Mucha tristeza ante la frialdad de los escritorios de mármol… las pulidas paredes de maderas exquisitas… el indispensable café negro o un vaso whisky al final de la tarde, en fin, los símbolos del poder de los privilegiados en todas sus expresiones… y las increíbles intrigas de que estaba rodeada, al estar en la cúspide y codearse con lo «mejor». Ya ni siquiera hallaba encanto ante las flores silvestres… cuando visitaba los campos… buscando una simple respuesta. ¿No estaría buscando lo justo? Aunque era un Ser muy sensible, simplemente estaba vacía…

Alguien le avisó que iba haber un cataclismo, producto de la decadencia universal… Y solo se dirigió allí para encontrar la muerte, y el lugar era en la misma Gran Ciudad que había rechazado tanto…

 

Mientras se derrumbaban los artefactos de cristal… De repente se encontró en la cima de un Tepuy… se desnudó y jugaba con las extrañas creaturas que había allí… Hasta que se le apareció el más hermoso de los hombres, y le dijo: ¿Te gusta este lugar?: aquí permanecerás un buen tiempo hasta que te traslademos a otra realidad.

 

Entonces la Srta. Metódica le dijo: ¿Por qué estoy aquí?; él simplemente le respondió: estás muerta, eso era lo que tú querías…  Ya la Gran Ciudad no te perseguirá más… su perversidad y maldad ya acabaron… ya esta entidad no tiene poder sobre ti, no dependes de ella para tu subsistencia… Has dejado de ser una de sus víctimas.  Ahora puedes dejar de llorar… Descansa…  Iniciarás un largo viaje… Y ese hermoso hombre se fue…

La Srta. Metódica solo sonríe con la mirada perdida viendo el horizonte en un atardecer prístino y salvaje… diciendo: Gracias… Y se pregunta ¿Dónde están mis pastillas? Se responde a sí misma:  ya no me hacen falta… nunca me sentí mejor… ni más plena…

Y se acordó de todos los amores que tuvo en su vida… especialmente uno de ellos… cerró los ojos y con su mente lo llamaba «VEN»…  quizá también murió en el cataclismo y podría amarlo eternamente… con su cuerpo y con su alma… y completar tantos asuntos pendientes con él… Tenía la Srta. Metódica tantas preguntas…

Y de repente ese amor apareció, era el «más hermoso de los hombres» con quien había hablado antes… pero que no había reconocido.  No quedaba otra alternativa más que amarse… y fundar un mundo nuevo… para siempre…

Sigue leyendo a Juan Carlos Martín