De noche

De noche

Era de noche. Una noche oscura, densa, carente de movimiento.

Yo era el único con alma. Iba andando por unas calles que antaño estaban perfumadas de ilusión, de magia, de fantasía, de risas. Hoy les cubre la angustia, la agonía, la tristeza, el sufrimiento.

Me aferro a la esperanza de encontrar algo en lo que agarrarme. Y ahí está. En lo alto de la colina, se halla aquella luz. Resplandece como el fuego en la noche de san Juan, esperando recibir en su seno millones de deseos y anhelos.

Conforme voy subiendo por la colina, mi corazón va latiendo más y más deprisa. Conforme voy ascendiendo, miro atrás y me detengo. Observo todo aquello que voy dejando atrás. Aquella absoluta oscuridad, aquel absoluto abandono, la vida que me rodeaba. Una vida que yo mismo creé. Y creí.

No sé cuánto tiempo pasó desde que empezó mi ansiado ascenso, pero por fin llegué a la cima.
Aquella luz me esperaba impaciente, ansiosa por abrazarme y darme cobijo. Por fin me convertiría en parte de su ser. Y me fundí con ella. Me sentí en paz. Cerré los ojos y al abrirlos me di cuenta de la realidad.

Aquella luz era yo.