Primer día

 

Hoy estamos aquí para dar inicio a un diálogo cuya intención es la de prolongarse como una prospectiva del hecho creador. Somos espectadores como también decir que lo somos en tanto creadores. ¿Qué del actor sin ustedes los espectadores? Y viceversa. Nos construimos en su poética. Aquellos «miran» la construcción de un espacio que se contiene de la condición humana de quien transcribe la obra. Entonces esto que llamamos obra es la formalidad de aquel espacio. Sí, cierto, nada quedaría representado sin el espectador por lo que es sabido por todos la necesidad interna de uno y otro. Lo que llamamos poética es la relación de ese espectador con los actores y éstos con los técnicos, a lo que ha denominado Jorge Dubatti como convivio, esto es, la disposición del actor, su corporeidad ante alguien que lo mira (para otros la visión de la obra: el público) en un espacio teatral que más adelante denominaremos como espacio escénico, pero para que así lo sea, el actor es cuerpo, además de signo y, por serlo, dialoga con otros sobre el cuerpo-acción por medio del cual se constituye la actuación. Esto que llamamos actuación es también la presencia del espectador. Lo expectante es construcción estética, poética y creadora. Quiere decir que lo expectante deviene en representación. De alguna manera ustedes (espectadores) tienen un grado de responsabilidad con lo que acaban de «ver» (representada para esa ocasión) como obra. A modo de ejemplo tienen tanta como la propia actriz. El gesto se comparte, también signa. Su cuerpo, como vengo diciendo, se hace signo por la representación y de allí su lugar en lo escénico. Desde luego es un estadio de esta creación y, tal movimiento, se hará notar en el número de representaciones. Una función tras la otra compone el lugar de dicha representación. Mejora la actriz por consecuencia de esa relación.

Dónde están los límites. Es una convención, pero una vez que hacemos ruptura con ella comprendemos que lo que se hace como teatro podrá desarrollarse en cualquier otro espacio que ahora está definido por el espectador y el actor. Este reciento que ustedes ven aquí ha dejado por unos minutos de serlo para, en su lugar, convertirse en un «teatro». Han aceptado esa convención. La que se representa por vía de la ficción. Si en Beckett es un asunto de lenguaje, en Brecht es ético. Sin embargo ambos tienen su responsabilidad con la historia del teatro, es decir, con la formalidad del arte en tanto a su condición humana. Y desde esta perspectiva ética se compromete el creador muchas veces sin saberlo. Y lo hace con toda su idiosincrasia de espectador. Le incorpora a la obra su experiencia cultural. Este espectador no necesita saber nada más, le suma aún su pasión como ente participativo (por tanto ontológico) como ser humano el cual lo es todavía por el carácter de sus emociones. ¿Cuándo comienza a cambiar todo? Al momento de dar a lugar la conciencia. Una vez racionalizada la emoción de quien ha participado como espectador, puesto que la necesidad de continuar en esa zona de lo expectante es vital. Continua y dialéctica. De modo que el vértice de la expectativa soporta todo el resto de aquella poética. El actor se edifica en la emoción. Racionaliza su proceso sobre la constante de la representación: el signo lo es porque sin su presencia indivisible la composición del teatro no sería posible.

Nos hacemos en cuerpo/emoción=teatralidad.

Lo es para aquel triángulo cuya vértices son reproducidas en una dinámica constante de público/obra=representación/actor. Como ven, una cadena de significaciones que hacemos ahora como público. Recreando la realidad, animándola desde otra perspectiva. Si así quieren, lo sabemos, nos miramos.

Estructura y emoción. Y lo he dicho en otra ocasión: el drama es la máxima del poeta porque éste logra intelectualizar la emoción: el actor es la unidad mínima de la representación sin el cual no se daría aquella relación. Es humana, sensible y ética, puesto que la convivencia se funda en la idiosincrasia o en la condición de lo social su definición como espectador propiamente dicha. Si venimos a una función es porque deseamos ser parte inexorable de esa convención: la teatralidad.

 

Con todo, queremos comunicar la apertura de nuestra Escuela de Espectadores con la posibilidad de recrear esa relación entre hacedores, teóricos, críticos y docentes, con los cuales nos reuniremos en esa intención de comprender y formalizar aquella mirada de la que somos parte. Y como comprenderán de lo expuesto, haremos con ello una entrega más sensible con este público al que nos debemos, sin embargo, es necesario institucionalizarlo con tal finalidad ética ante el artista. El actor se compromete con ese estadio de la representación, ya que, como decíamos es parte del teatro y, si queremos, con una filosofía del teatro. La Escuela de Espectadores con los creadores, los artistas y los críticos sin que por ello se pierda la conexión con la literatura y la dramaturgia de la región. El teatro, un cuerpo humano desde una perspectiva de su socialización. Con este objetivo, Jorge Dubatti, desde la ciudad de Buenos Aires y otras de la Argentina ha creado esta institucionalidad: La Escuela de Espectadores cuya extensión se ha dado por casi toda Latinoamérica. Ahora, felizmente entre nosotros.

 

Con el aporte de esta universidad, hoy somos parte de esta Escuela. Destacados dramaturgos, insisto, escritores, artistas, actores, directores, actrices y creadores de la región. Ante tal compromiso, aclaro, es una cuestión de ética, dado el carácter sensible del mismo. Por tanto educativo.

 

30.7.16/IUTAR. Venezuela.

 

Segundo día

 

A partir de entonces hemos recreado esta posibilidad con el convivio, dialécticamente a partir de una realidad en el que se incluye convenios con la Universidad y ahora con la posibilidad de incorporar público, espectadores y la academia con las diferentes experiencias. La crítica venezolana muy interesada, atraemos a pensantes y hacedores del teatro hacia esa nueva estructura: el teatro sabe lo que hace, lo que piensa y ello se compone en los encuentros no sólo con el teatro para adultos, sino todo su convivio: técnicos, actores, directores o dramaturgos y además con el teatro infantil, enriqueciéndose con diversidad en el teatro, infantil, los títeres y las experiencias de vanguardia. Habrá, es prometedor, otros días. Cuya dinámica hemos puesto en marcha en Venezuela.

 

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