Querido hijo: 

Desde que te mire a los ojos, supe que eres y serás un luchador, allí estaba yo asustada, una parte de mi quería ser valiente, pero otra parte quería ser débil, jamás en mi vida pensé que me pasaría a mi, por que a mi, por que.

Por que alguien que se esta formando en tu vientre, ya viene con una enfermedad de por vida, jamás pensé en tirar la toalla e intentaba decirme a mi misma que lo conseguirías, que tu lucharías.

Me sentía dolida e incluso culpable, culpable de no poder hacer nada, culpable de hacerte sufrir y verte sufrir. En ningún momento decidí abortar, no se si fui injusta, no se si fui egoísta, pero si había llegado hasta el final del embarazo era por algo.

Algún plan tienes que hacer en la tierra, creo en eso, creo que las personas tenemos algo que hacer aquí, no estamos sin mas, estamos por alguna circunstancia o llámalo como quieras.

El día que di a luz, me di cuenta que no había dado luz a cualquier niño, había dado a luz a un ser valiente, lleno de amor y pureza.

Tus ganas de vivir me contagiaron, y jamás perdí la esperanza, mi valiente guerrero se llama Diego tiene un corazón de hierro, tu cardiopatía me hizo y me hace darme cuenta de lo mucho que vales, me has dado una lección de por vida, me has enseñado a valorar la vida, a valorar el día a día.

Mientras escribo esto, hace un mes que te tengo, y solo quiero darte las gracias, por hacerme mas fuerte, por enseñarme tanto, por ser ejemplo en mi vida , por hacerme mas valiente, luchadora y sobretodo por llenarme de amor y alegría.

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