El martes se produjo una jornada histórica en Catalunya. Su presidente, Carles Puigdemont salió a hablar antes los catalanes para explicar la situación que se está viviendo y dio una de cal y otra de arena. Puigdemont dijo que no declaraba la independencia de Catalunya por ahora y que abría una vez más la puerta del diálogo con el gobierno central de Madrid.

La repercusión internacional de sus palabras no se ha hecho esperar y uno de los países que ya se ha posicionado respecto al conflicto ha sido México.

El Secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray dijo que “si a pesar del diálogo político, el gobierno catalán declara unilateralmente la independencia, el gobierno de México, en apego al derecho internacional, no reconocerá a Cataluña como un Estado independiente”.

México está del lado de España, del lado de la unidad porque considera que hay muchas cosas que unen a los dos países. “España es un país entrañable para México. Nos une la historia y las oportunidades en el presente y en el futuro. México es un aliado fundamental y un amigo de España“.

Por otro lado, Videgaray sí condenó la violencia del pasado 1 de octubre cuando las fuerzas del orden actuaron contra algunos ciudadanos en su intento de impedir que llegaran a las urnas y ejercieran su voto.

“La violencia nunca debe ser el camino para la solución de las controversias”, dijo el secretario.

México está a favor de encontrar una solución pacífica al conflicto, a favor del diálogo y siempre y cuando esté debajo del marco legal.

La Unión europea, por su parte también se ha pronunciado y a pesar de que también condenó la violencia y defiende el derecho de un pueblo a expresarse libremente, tiene que acatar un marco legal.

No lo tienen fácil Catalunya y España y parece que a corto plazo no es posible una solución. Los ciudadanos y los extranjeros que viven en ella se preocupan por su futuro y por cómo la economía influirá en este proceso.

Como dice Videgaray, España y México son dos países amigos, veremos si llegado el momento, en un caso extremo, el país azteca tendería una mano al ibérico. Hay mucho en juego.

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