Seguramente habrán leído acerca del famoso anuncio en un bar de España, en el que básicamente decían a los padres que mantuvieran a sus hijos con bozal y correa si es que no se sabían comportar. En lo personal el cartel me pareció muy simpático, porque estoy segura que más de uno de nosotros ha pensado lo mismo cuando hemos aguantado gritos, carreras y berrinches en restaurantes, trenes y otros sitios cerrados, con la frustración de ver que los padres de los pequeños revoltosos ni se inmutan.

Pensando en esto, y dado que tengo algunos conocimientos en la materia tanto académicos como empíricos, porque mi hijo era canela fina desde los 2 años, (tanto así que por eso empecé la Maestría en Ciencias de la Familia), aquí les traigo unos consejos útiles para lidiar con situaciones similares:

I. Para las víctimas o público que son testigos forzosos del mal comportamiento:

1.- Obviamente, dar un tiempo razonable para que los padres intervengan. En el momento en que los padres no intervienen para controlar a sus hijos, están cediendo a otros su derecho para hacerlo.

2.- Recuerden siempre que para el cerebro es complicadísimo trabajar en negativo, por lo que la palabra “NO” es muy difícil de registrar, sobre todo para un niño. En lugar de decir “¡No grites!”, hay que decir “Guarda silencio” y reforzar la solicitud con el gesto de silencio, llevándose el dedo a los labios para que no quede duda del mensaje.

3.- No se debe invadir el espacio personal del niño. Si hay que detener a un niño, solamente nos ponemos en su camino, obstruyendo su paso. Jamás lo agarraremos del brazo o de la mano.

ninos14.- Nos ponemos a su nivel de visión. Para dar una instrucción eficaz, deberemos siempre agacharnos en cuclillas para hacer contacto visual con el niño.5.- Hablar con voz suave pero firme. Además de que los gritos son inútiles, les puedo apostar que los niños que gritan es porque sus padres gritan; así que levantar la voz a un niño que grita es por demás inútil.
Un ejemplo de todo lo anterior es éste: estás en un tren y hay un niño que corre y grita descontrolado. Esperas inútilmente a que los padres le digan algo, pero están metidos en sus Smartphones, ajenos a todo el lío que su querubín causa. Primero aguántate las ganas de gritarle, acto seguido vas a ponerte en el camino del niño, inclinándote hasta hacer contacto visual, diciéndole con voz suave pero muy firme “Por favor siéntate y guarda silencio“.Recuerden siempre que no hay niños malos, solamente niños desorientados a quienes sus padres no ponen límites claros.

II. Para los padres que sí quieren educar a sus hijos pero no saben qué hacer:
Normalmente, los niños que se comportan de una forma descontrolada son el reflejo de unos padres que solo hablan y esperan que sus hijos entiendan todas sus palabras. Malas noticias: Para educar a los hijos hay que moverse.
Escenario 1: Imaginen que son los padres del niño del ejemplo anterior. Van a hacer exactamente lo mismo que describí, pero adicionalmente lo van a llevar de la mano o cargado a su asiento. Solo van a dar la instrucción una sola vez. Muy probablemente el niño se levantará y querrá correr otra vez, lo que harán cada vez es levantarse y regresarlo a su asiento sin decir una sola palabra. Recuerden que los gritos, jaloneos y el decir “no hagas esto” son absolutamente inútiles y en todo caso solamente exacerbarán el problema. Para corregir a un niño descontrolado debes tú estar en control. Si estás a punto de perderlo, cuenta hasta diez(les prometo por mi vida que funciona, miren que apliqué esta técnica innumerables veces).

Escenario 2: No hay nada que puedan hacer para que el niño deje de llorar porque se siente mal o se encuentran en una situación no prevista, como que tiene hambre y no trajeron su comida: Desafortunadamente pasa y es sumamente embarazoso. No puedes pararte y explicar a todo el mundo lo que sucede, por lo que deberás tratar de convencer a tu hijo de que llorar no soluciona nada. Seguramente están pensando “ajá, buena suerte”; pues les cuento que no es imposible:

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Mi hijo tenía 3 o 4 años y en el avión comenzó a llorar porque le dolían los oídos. Traté de todo; chicle, bostezo, comida, agua… ¡TO-DO! Hasta que en un momento de total frustración comencé a “llorar” de una forma muy fingida. Cuando mi hijo me vio de inmediato paró su llanto y me preguntó: “¿Qué haces?” le contesté, “Como no puedo hacer nada para quitarte el dolor, te estoy ayudando a llorar”. El resultado fue que soltó la carcajada y se aguantó el malestar sin llanto el resto del viaje.

Lo que le transmití a mi hijo con esa broma fue de una forma muy clara pero divertida, que aunque me gustaría hacer algo para solucionar su problema, me era materialmente imposible. Esta técnica se puede transpolar a otras situaciones usando un poco de fantasía, como por ejemplo: “cómo me gustaría tener súper poderes para ver si puedo hacer aparecer tu comida”. En todo caso siempre recuerden que el niño está en una situación difícil y lo que necesitan es empatía; el razonamiento puro no sirve.Un último consejo: Siempre demuéstrenle a sus hijos que los aman asegurándoles su amor incondicional. No hay nada más triste que un niño que “obedece” porque tiene miedo de perder el amor de sus padres si no se porta bien.

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