“El valor de una historia no está en lo que se cuenta, sino en lo que vivimos al leerla”.

Una historia puede parecer fantástica en la mente del escritor, pero si no consigue trasmitir esas emociones al papel, todo su trabajo será en vano.

En ocasiones no es suficiente tener una buena historia o un personaje con el que empatizar, necesitamos un lugar donde anclar esa narración. Para que no escuchemos solo voces, debe haber elementos que permitan que recreemos lo leído para convertirlo en nuestra propia  película.

El escenario no solo proporciona información acerca del lugar y el tiempo, sino que también crea una atmósfera para hacer que la historia cobre vida.

¿Cómo consigue un escritor que el lector vea, huela y sienta esas emociones que hacen vibrar a los personajes?

Una buena parte está dada por el entorno, el escenario, la ambientación y  la atmósfera.

Hablamos del envoltorio, del lugar donde se colocará a los personajes y donde se va a desarrollar la acción.

El entorno ayuda al lector a ubicarse dentro de la obra. Es una especie de mapa donde encontrará el periodo histórico, la situación política, social, cultural, etc. Así tendrá una idea básica de donde se va a desarrollar la historia.

¿Cada historia tiene un único escenario?

¿Cada historia tiene un único escenario?

“Estábamos en algún lugar de Barstow, muy cerca del desierto, cuando empezaron a hacer efecto las drogas. Recuerdo que dije algo así como:

—Estoy algo volado, mejor conduces tú…

Y de pronto hubo un estruendo terrible a nuestro alrededor y el cielo se llenó de lo que parecían vampiros inmensos, todos haciendo pasadas y chillando y lanzándose en picado alrededor del coche, que iba a unos ciento sesenta por hora, la capota bajada, rumbo a Las Vegas.”

Hunter S. Thompson, Miedo y asco en Las Vegas.

El escenario, el lugar físico donde se mueven los personajes en cada escena. Es cambiante,  puede incluir información sobre el tiempo y el lugar, suele ser descriptivo.

 «Las paredes estaban hechas de piedra oscura, débilmente iluminada por antorchas. Tenía un banco vacío a cada lado, pero enfrente, en los bancos más altos, había muchas figuras en la sombra. Habían estado hablando en voz baja, pero cuando la pesada puerta se cerró detrás de Harry cayó un siniestro silencio.»

—J.K. Rowling, Harry Potter y la Orden del Fénix.

La ambientación ayuda a reflejar los estados anímicos de los personajes. Debe sugerir, los rasgos del ambiente donde ocurre la acción de una obra literaria, mediante pormenores verosímiles.

“Habían comido sin luz en la mesa y el viejo se quitó los pantalones y se fue a la cama a oscuras. Enrollo los pantalones para hacer una almohada, poniendo el periódico dentro de ellos, se envolvió en la frazada y durmió sobre los otros periódicos viejos que cubrían los muelles de la cama.”

El viejo y el mar. Ernest Hemingway

La atmósfera es el aire que se respira dentro de cada escena, va más allá de lo meramente visual, tiene un componente psicológico, atiende a las inquietudes, refleja lo que sienten los personajes. La atmósfera conecta las emociones del  lector con los acontecimientos de los personajes.

Tiene que ver con el marco abstracto, no es estable, varía con el transcurso de los acontecimientos. Podemos encontrar un ambiente narrativo de tensión, de conflicto, de drama, o bien relajado, tranquilo, alegre depende del refugio que necesite el personaje y su acción.

 

Agustín Martínez, afirmó que su novela negra «La mala hierba» el entorno y la atmósfera son prácticamente «un personaje más y afectan y marcan mucho la vida de los otros personajes».

 

Martínez, cuando presentó su libro en Logroño explicó que: el pueblo inventado en el que se sitúa la trama está en «una situación muy extrema, están en una tierra que no hay posibilidad de explotar de ninguna forma», lo que acaba convirtiendo la novela en «una lucha por la supervivencia de un montón de personajes».

Logroño, 1 junio  (EFE)

 

Todos estos elementos, solo contribuyen, a hacer más visible a los actores y al conflicto.  El escritor, tiene que encontrar un equilibrio entre los personajes, las historias y sus escenarios.

 

Si realmente el lugar dónde se desarrolla una historia tiene tanto peso, qué ocurriría si cambiamos el escenario de una obra genial.

Imaginemos por un momento que el universo, que tan certeramente, retrató León Tolstói para Anna Karenina, una mujer presa de amores indebidos en la alta nobleza rusa, es trasladado a otro país, y me arriesgaría a decir a otro continente. Les propongo a Boston, una de las ciudades más antiguas y tradicionalistas de los Estados Unidos, aun que creo que sería interesante mantener la época en el entorno de 1877, año de la primera edición de la novela.

¿Creen que el impacto y la trascendencia de esta magnífica obra hubiera sido la misma?

Sigue leyendo a Liliana del Rosso